El cineasta estadounidense Woody Allen concibe escribir y rodar películas como una suerte de “terapia personal”, que le “relaja” y le hace sentir “mejor”. “Si no escribiera guiones, escribiría obras teatrales o libros. Cuando no escribo, me siento miserable”, asegura el director en una entrevista con el semanario alemán Die Zeit. Allen explica que de joven sufría un intenso miedo al fracaso que con el tiempo fue remitiendo. “Pensaba que, si tenía éxito, todos me querrían, pero que si fracasaba el mundo entero me odiaría. Tonterías. Con el tiempo se aprende que ocurren cosas maravillosas y horribles. Y de alguna manera es tranquilizador”, señala. El creador de filmess como “Annie Hall” y “Crimes and Misdemeanors” asegura que concibe los largometrajes como “una forma de arte”, lo que contrasta con la tónica general de la industria cinematográfica estadounidense.

“Créame, es difícil sobrevivir en un trabajo como el mío en estas circunstancias”. “No soy, ni he sido nunca, un director de Hollywood, soy un director de Nueva York”, añade el realizador y guionista, que está en etapa de posproducción de su último trabajo “Vicky Cristina Barcelona” con Scarlett Johansson, Javier Bardem, Penélope Cruz, Patricia Clarkson y Rebecca Hall como protagonistas. Aclaró además que no tiene “nada contra Los Ángeles”. “Simplemente no me aporta nada. Además, no me gusta el sol ni tener que ir a todas partes en coche”, apuntó. El director añadió que también le desagrada la forma de hacer películas de la industria hollywoodiense ya que los grandes estudios conciben el séptimo arte como “una forma de ganar millones de dólares”.

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