Nunca ha sido muy amigo de los premios pero el polifacético Woody Allen ha hecho hoy en Valladolid (España) una de las excepciones que suele hacer cuando se trata sólo de un homenaje y no de competir con otros artistas. Acaba de recoger con “honor” un galardón de la Semana de Cine de Valladolid (Seminci), en la misma Europa de Bergman, Truffaut y Buñuel, directores “modelo” desde su infancia. En un acto celebrado para la prensa antes de iniciar en el Teatro Calderón de la Barca el concierto con su grupo musical New Orleans Jazz Band, en el que toca el clarinete, Allen ha recibido la Espiga de Honor de la Seminci, cuyo patronato decidió hace unas semanas aprovechar su visita para rendirle homenaje.

Aunque la presencia del realizador en la capital vallisoletana no estaba inicialmente relacionada con el celuloide, el cineasta ha recibido la condecoración de manos del alcalde de Valladolid, como un “gran honor”, al considerar que es “un festival europeo de categoría”. Para poner fin al breve paréntesis que ha reconocido su trayectoria cinematográfica, continuó con un lacónico: “Y ahora tengo que tocar”. Allen (Nueva York, 1935), ataviado con sus características gafas negras de pasta, camisa azul y pantalones de pana, ha desenfundado su clarinete para acompañar al resto de la banda en el escenario del teatro vallisoletano.

Alrededor de 1.000 personas han presenciado el recital, protagonizado por diferentes piezas versionadas de jazz clásico, por el que empezó a sentirse atraído en su más temprana adolescencia, cuando la música, el cine, el deporte y el humor comenzaban a ser sus aficiones. Sobre el escenario han actuado, además de Allen, el batería John Gill, el pianista Conal Fowlkes, el trompetista Simon Wettenhall, el contrabajo Gregory Cohen y el trombón Jerry Zigmont, todos ellos dirigidos por el intérprete del banjo, Eddy Davis.

Con una evidente compenetración y afinidad musical y personal con el resto de la orquesta, el realizador de filmes como “The purple rose of Cairo” (1985) y “Annie Hall” (1977), absorto por el sonido, ha acompañado su toque del instrumento de viento con ligeros contoneos de sus pies al compás de una música que abarca desfiles y canciones populares. La luz, unas veces clara y otras más íntima y mimetizada con la melodía, ha permitido a los asistentes trasladarse durante cerca de dos horas a la Luisiana más profunda, como si de un local de principios del siglo XX se tratase, cuando empezó a desarrollarse el jazz en la comunidad afroamericana de esa zona de Estados Unidos.

Fue en 1996 cuando Allen y el resto del equipo musical visitaron por primera vez un escenario español, poco antes de que Venecia sirviera de escenario nupcial para el cineasta y Soon-Yi Previn. La gira de esta banda de jazz por España continuará mañana en Granada y después seguirá por Murcia, Palma de Mallorca y Pamplona, entre otras ciudades. Ayer, unos 3.000 espectadores ya habían aplaudido a Woody Allen, quien ofreció junto con su banda, su primer recital en Polonia. “Haremos nuestro mejor esfuerzo por entretenerlos”, dijo Allen al público en la Sala Kongresowa, la mayor para conciertos en Varsovia, al comienzo del recital de dos horas. Los solos de Allen, así como los ejecutados por los otros miembros de la banda, fueron ovacionados de pie por el público al final.

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