La cita fue ayer en una sala colmada del centro cultural y comunitario 92Y, una institución judía sin fines de lucro situada en el Upper East Side de Manhattan, donde se proyectó su filme “Radio days” (1987), que recuerda la época dorada de ese medio antes de la irrupción de la televisión. Allí, el cineasta estadounidense participó de una charla con el ex presentador de televisión Dick Cavett y la experta en cine Annette Insdorf, en la que pasó revista a su amor por la radio, la magia y su inspiración para filmar, entre otras cosas.

“Cuando era chico, la radio era lo único que teníamos. Mientras me vestía, mientras desayunaba, la radio siempre estaba ahí”, contó Allen, de 76 años y con una trayectoria de más de 40 películas, entre ellas clásicos como “Annie Hall”, “Manhattan” y “The purple rose of Cairo”. Junto a Cavett, su contemporáneo de 75 años, el cineasta recordó el “castigo” que imponían los padres a sus hijos durante su infancia, consistente en “la brutal privación” de “no escuchar radio por una semana”, y también el placer de engañar a sus padres con tal de disfrutar de su pasatiempo favorito. “¿Había algo más maravilloso que hacerse el enfermo y quedarse en la cama escuchando la radio 12 horas seguidas?”, preguntó, con la mirada puesta en su infancia.

Sin embargo, y pese a este amor incondicional, Allen admitió la “inocencia” de una época en la que se pensaba que la radio iba significar “el final de todas las guerras” porque unía a la gente, e incluso no le tembló el pulso para criticar muchos de los programas que, antes, le parecían grandiosos. “Cuando ahora escuchó esos viejos programas, algunos de ellos son basura. Dios mío, ¿cómo pude haber estado encantado con esto?”, confesó, provocando uno de los tantos ataques de risas del público durante esta velada en homenaje a Himan Brown, uno de los pioneros de la radio en vivo en Estados Unidos.

Vestido con su habitual simpleza (un jersey color crema y pantalones marrón), Allen habló también de su pasión por la magia, presente en varios de sus filmes como “Scoop” (2006), y el aprendizaje de este arte, que en su caso, calificó de “colosal pérdida de tiempo”. “Los trucos de magia son una rara, extraña y pequeña pasión. Supuestamente me harían popular en las fiestas. Pero nunca hice nada delante de nadie. ¡Eramos el espejo y yo!”, contó, al referirse a las horas y horas de práctica en vano.

Ya en el mundo del cine, y al responder algunas preguntas del público, Allen señaló que empezó a escribir papeles especialmente para mujeres, influenciado por la actriz Diane Keaton, con quien tuvo un romance de cinco años en la década de 1970. “Empecé la relación con Diane Keaton y estaba muy impresionado con ella. Me dije Puedo escribir para ella, puedo escribir para mujeres”, afirmó, agregando que ahora era “mejor mujer que hombre”, levantando otra vez carcajadas en el auditorio. Las risas no se habían acallado cuando volvió a mostrar su genio, esta vez al hablar de su madre: “Vio todas mis películas. Las disfrutaba sin entenderlas”, dijo.

(Agencias de noticias)

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