Declaraciones

WOODY ALLEN. LOS JOVENES Y EL CINE Y “MAGIC IN THE MOONLIGHT”

La película estrenó mundialmente en el famoso Cine París de New York. ¿Puede recordar cuántas veces estrenó allí?

No recuerdo, pero lo he hecho en varias ocasiones. Mis películas se han proyectado en ese cine varias veces, y es uno de los pocos lugares donde se puede ver cine arte en New York. Y lo es desde hace ya muchos años atrás, cuando era estudiante de secundaria y solía llevar a mis citas al Cine París, para ver maravillosas películas francesas de la década del cincuenta.

000000000 9.3.6 5 (23 RH 16.12¿Aún se emociona cuando ve sus películas nuevas en el cine o se ha acostumbrado?

No, no, me gusta. Todavía es como tener un pie en donde empecé. El París fue uno de esos cines de un grupo, que en su mayoría ya no existe, que proyectaba a cineastas que me encantan. Truffaut y Godard, los franceses. También pasaban películas de los cineastas italianos. El París fue uno de los lugares que fui a menudo cuando era joven, adolescente y luego joven en Nueva York. Cuando la gente habla del embrutecimiento de Estados Unidos, creo que es una tontería que una generación sea más tonta que otra. La generación actual es mucho más inteligente que mi generación, de muchas maneras. Me sorprende que solíamos ir a todos esos espacios culturales junto a mis amigos y no éramos intelectuales. Quiero decir que yo era un tipo que fue a los juegos de béisbol y de baloncesto, y jugaba a la pelota en la calle y no pasé un año de universidad. Todos nos quedamos encantados con Bergman, Fellini, Antonioni y Godard, Truffaut y, por supuesto, Resnais. Esta generación no parece tener mucha paciencia para la clase de películas que nos emocionaban a nosotros cuando éramos jóvenes.

Diecisiete de los mejores cineastas del mundo tienen más de 75 años, ¿por qué cree que es así?

No sé y tampoco sé por qué no hay un cine arte floreciente ahora. Los jóvenes universitarios de hoy no ven con gran interés estas películas que menciono, todas las películas de Bergman, las de Fellini, las de Truffaut. No sé por qué no las ven o por qué no hay un equivalente en la actualidad.

Cuando trabaja con actores jóvenes como Emma Stone, ¿qué intenta inculcar en ellos?

Cuando hablo con Emma –y ella está interesada en el cine y es una actriz seria– y le digo que tiene que ver “A streetcar named desire” (Kazan) o “Viskingar och rop” (Bergman), ella me escucha y lo hace porque ese es su pan de cada día y es muy profesional. Pero más allá de eso, he enviado a chicos que van a escuelas muy buenas –Yale y Harvard– a ver las películas de Bergman. Y una vez hice una proyección para ellos, y no les significó nada, no les importó.

Emma es famosa en todo el mundo, pero todavía es joven. Usted debe hacer que los jóvenes actores se pongan nerviosos. ¿Cómo trabaja para calmarlos?

Mi sensación es que cuando me conocen ven rápidamente que estoy más nervioso que ellos. Soy muy tranquilo y agradable, y nunca levanto la voz. Les doy mucha libertad para trabajar y me conocen y ven en cinco minutos que no soy una amenaza, que no van a tener que preocuparse. Que no soy una especie de genio de culto o de algún tipo de persona formidable.

¿Su acercamiento con los actores ha cambiado con los años?

Sí. Me di cuenta de que a lo largo de los años aprendí a tener más y más confianza en el instinto de los actores y dejo que los actores realmente saquen parlamentos que no les gustan, los cambien, los adapten para que se sientan cómodos. O agreguen cosas. Doy mucha libertad a los actores y eso les gusta. Se sienten relajados y no que tienen que repetir palabras escritas. Pueden hablar con los modismos que son cómodos para ellos. Y eso ayuda.

“Magic in the moonlight” no es el primer proyecto en el que hay un mago. ¿Qué hay de ese mundo mágico que le fascina como artista?

Era mago aficionado de niño. Me encantaba todo lo que tenía que ver con la magia y sabía que dentro de la historia de la magia Houdini había sido alguien que había desacreditado a médiums espirituales que se aprovechaban de la gente y tomaban su dinero. Entonces pensé que podría ser interesante tomar una médium y un mago científico más sofisticado y que él se enamorara de este fraude, eso daría lugar a una buena situación. Contraté a dos muy, muy buenos actores: Colin Firth, que es brillante, y Emma, que es fabulosa. Me salí del camino y dejé que ellos hagan lo suyo.

¿Qué lo mantiene tan inspirado para seguir creando a este ritmo?

Es sólo que me gusta mi trabajo. Me gusta escribir. Me gusta hacer las películas. Me gusta pasar los días con gente como Emma Stone y Colin Firth, o Scarlett Johansson o Naomi Watts. Es una buena manera de ganarse la vida y espero seguir haciéndolo.

LETTY ARONSON SOBRE LA RELACIÓN CON SU HERMANO Y “BLUE JASMINE”
por Rodrigo González M.

Hermanas menores. Algunos las cuidan como si fuera el último día que las ven y otros creen que es un problema encomendado por los insistentes padres de siempre. También están los que involuntariamente les presentan a sus novios y, por supuesto, quienes son sus cómplices y las llevan al cine por primera vez. En el barrio neoyorquino de Brooklyn de los 50, dos de ellos eran Allen y Ellen Konigsberg. Es decir, Woody Allen y Letty Aronson.

84th Academy Awards Nominations Luncheon - Portraits“Woody siempre fue un referente. Teníamos bastante diferencia de edad, ocho años, pero yo siempre lo miré con los ojos de la admiración. Me llevó a ver las primeras películas y compartí sus primeros libros”, cuenta  Letty Aronson al teléfono desde Nueva York. “Era el hermano perfecto. De pequeño hacía todos sus trucos de magia frente a mí y yo los celebraba. Eramos de Brooklyn, y me llevó a conocer Manhattan por primera vez”.

Mal alumno, rebelde con causas artísticas y buen jugador de básquetbol, Allen escribía viñetas para los diarios locales. “A los 15 años ganaba más dinero que nuestros padres. Aparte de escribir, se escapaba en los tiempos libres para ver películas. Era otra época: se veía mucho cine extranjero y Woody devoraba a De Sica, Bergman y Fellini”.

Productora de todas las cintas de Allen desde “Bullets over Broadway” (1994), Aronson ha sido testigo del crepúsculo americano del director con cintas como “Small time crooks” (2000), de su renacer europeo a través de “Match point” (2005) y de su regreso triunfal a Estados Unidos con “Blue Jasmine” (2013).

“Hay muchas razones tras el éxito de ‘Blue Jasmine’, pero creo que para el público, el principal motivo es el tema de los escándalos financieros que aparecen en la historia. Reflejan la realidad americana”, explica Aronson.

La cinta, celebrada por la crítica y bienvenida en la taquilla estadounidense, es la historia de dos hermanas ubicadas en el lado contrario de la vida. Jasmine (Cate Blanchett) se ha movido siempre entre los penthouses de Manhattan, mientras que Ginger (Sally Hawkins) conoce muy bien las empinadas calles de San Francisco. El cónyuge de Jasmine es un corredor de Wall Street cuyas estafas lo llevan tras las rejas poniendo fin a la vida aristocrática de Jasmine, quien deberá instalarse en casa de Ginger.

“Creo que los fondos de inversiones y el personaje de Alec Baldwin son identificables por la gente. La actuación de Baldwin es brillante y muchos reconocerán a un tipo de villano que existe en la realidad americana y mundial”, explica Aronson.

Comparada por muchos con la clásica obra “A streetcar named desire” de Tennessee Williams, en que Blanche DuBois se refugia en casa de su más modesta hermana Stella, “Blue Jasmine” es además el primer drama de Allen desde “Cassandra’s dream” (2007).

¿Hubo inspiración en la pieza teatral de Williams?
Sé de primera mano que Woody Allen nunca la tuvo en mente. Puede haber coincidencias, pero él jamás pensó en ello, como tampoco se basó en el caso del estafador Bernie Madoff. El filme tiene como fuente una historia que Soon Yi, la esposa de Woody, escuchó de un amigo, que a su vez tiene otro amigo cuya esposa se enfrentó a la bancarrota de éste. Súbitamente era pobre y no tenía dónde vivir.

¿El retorno a Estados Unidos significa que Woody Allen volverá a rodar con regularidad ahí?
No. Haremos siempre filmes donde nos sea más fácil y eso significa alternar Europa u otras locaciones con Estados Unidos. Acabamos, de hecho, de rodar una comedia de época en el sur de Francia con Colin Firth. Se llama “Magic in the moonlight”.

¿Cómo explica la energía de Allen para seguir haciendo un filme al año, con 78 años?
Siempre tuvo una capacidad de trabajo envidiable. Desde pequeño tenía ideas en la cabeza. Eso sigue igual a pesar del paso del tiempo. Si no está dirigiendo una película, escribe para The New Yorker o toca su clarinete. No para. Y disfruta mucho escribir, definitivamente.

Existe la leyenda de que tiene todos sus guiones ya escritos…
Lo que tiene son bosquejos de ideas en los que siempre trabaja. Cuando termina de filmar, discutimos cuál podría ser la nueva película, si un drama, una comedia romántica, un thriller. Entonces va, toma una de esas ideas escritas en un papel y desarrolla una historia. Si llega a la página 20 y no avanza a ninguna parte, abandona el guión y comienza otro. También puede perfectamente cambiar de idea en la mitad de la escritura y darle otro orden a todo. Después yo leo el guión, discutimos, y se hace la película. El siempre tiene la palabra final por supuesto. A veces mientras dirige, reescribe y entrega nuevas páginas a los actores.

¿Su rapidez le facilita la tarea como productora?
Siempre es mejor trabajar con un cineasta rápido. Facilita encontrar dinero. Woody casi no ensaya con los actores. Espera que todos lleguen con los roles perfectamente aprendidos. Por eso elige a grandes actores, a quienes luego les da mucha libertad. Si un actor quiere hacer varias tomas es probable que él se lo permita, pero a la tercera vez le dirá: ‘Tengo lo que necesito, si es que estás de acuerdo’. Ahí generalmente concluye todo.

¿Por qué sus películas tienden a funcionar mejor fuera de Estados Unidos?
El público de Europa y Sudamérica es más serio y sofisticado. Son capaces de reconocer quién es el director de una película, mientras en mi país la gente sólo se fija en la estrella. Siempre entenderán mejor a Woody fuera de Estados Unidos.

WOODY ALLEN HABLA DE “MIDNIGHT IN PARIS”
Por Yenny Nun

Después de su mentada separación de Mia Farrow en 1992 y posterior matrimonio en 1997 con la hija de la actriz, Soon Yi Previn, 36 años menor que él, a Woody Allen le costó conseguir financiamiento para sus películas en Estados Unidos. Acostumbrado a ambientar sus historias en Nueva York, el genio cómico –quien cumple 76 este 2011–, debió cambiar de rumbo para seguir dirigiendo una película por año.

El primer puerto fue Londres, donde hizo cuatro filmes, incluyendo la celebrada “Match point” junto a su nueva musa, Scarlett Johansson y “Cassandra’s dream” junto a Ewan McGregor y Colin Farrell. Luego enfiló a España, triunfando con “Vicky Cristina Barcelona”. Ahora aterrizó en la capital francesa escribiéndole una “oda de amor”, titulada “Midnight in Paris” y logró reunir un elenco integrado por Owen Wilson, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Michael Sheen, Kathy Bates, Adrien Brody y Carla Bruni. La historia gira en torno a dos estadounidenses que viajan a París antes de casarse y se dan cuenta de que no están hechos “el uno para el otro”. El personaje encarnado por Owen Wilson se traslada mágicamente a la Belle Epoque de París, donde encuentra muchas respuestas conversando con los grandes artistas de ese período.

Aunque años atrás al director le era casi imposible viajar por sus muchas fobias que incluyen aracnofobia, cinofobia –miedo a los perros–, acrofobia –a las alturas– y agorafobia –temor a los espacios abiertos–, hoy Woody Allen se traslada sin problemas siempre acompañado de la fiel Soon Yi, “la mejor relación que he tenido en mi vida”. También viajan con ellos los dos hijos adoptados de la pareja Bechet Dumaine y Manzie Tio, de 12 y 11 años, ambos con nombres de famosos músicos de jazz que Allen admira.

¿Cómo creó la trama de “Midnight in Paris”?

Cuando acepté filmar en Francia, no tenía idea de la historia. Finalmente decidí que sería una cinta romántica con el título “Midnight in Paris”; pero durante los meses siguientes no sabía qué hacer. Hasta que se me ocurrió que el protagonista va caminando por la noche, un auto se detiene frente a él, alguien le dice “sube”, y el automóvil lo lleva a esta aventura. Personalmente, nunca me subiría al vehículo, porque me daría miedo terminar en un sótano en Darfur (risas). No soy aventurero, pero cuando escribo me atrevo a todo.

¿Cuál es su lugar favorito en París?

Las calles. No soy alguien al que le guste llegar a una ciudad en el extranjero e ir a los museos a ver pinturas. Prefiero pasear por las calles y, en París, ver las casas y conocer los boulevards. Para mí son verdaderas obras de arte.

¿Por qué contrató a Owen Wilson?

Escribí el personaje para alguien muy parecido a mí. Un hombre de la Costa Este de Estados Unidos, un intelectual. Pero no se me ocurría quién podría interpretarlo (risas). Entonces mi directora de casting, Juliet Taylor, me propuso a Owen Wilson y le contesté: “Owen Wilson  es un típico chico de la playa con su tabla de surf al hombro”. Pero luego lo medité, reescribí el rol, lo hice oriundo de California y le di problemas de la Costa Oeste. Owen es un actor muy talentoso y divertido. Le envié el libreto y aceptó. El no es como yo, es muy relajado, muy californiano. Pero su parte funcionó muy bien.

¿Escribe comedias románticas para escapar de la realidad?

Totalmente. Siempre he sido un opositor a la realidad. Creo que vivimos una existencia muy terrible y cruel, ¡por lo que estoy a favor de cualquier oportunidad de escapar! Pero es muy difícil lograrlo. En “The purple rose of Cairo” a Mia Farrow se le presenta una oportunidad para escapar, pero si uno sigue ese camino, encuentra la locura. Por eso, si estamos obligados a seguir en la realidad, lo mejor es distraerse.

La película transcurre en parte en los años 20 durante la “Belle Epoque” de París, ¿le habría gustado vivir en esa época?

Uno cree que le gustaría retroceder en el tiempo, porque idealiza la situación. Cuando piensa en la Belle Epoque, se imagina carruajes, caballos y hermosas mujeres. Pero ni se nos ocurre que cuando la gente tenía hora al dentista, no existía la novocaína ni el aire acondicionado ni los antibióticos. Para mí, habría sido una pesadilla vivir en esos años. Me gustaría regresar por un día o dos, una visita corta y listo.

De todos los personajes que presenta, ¿a quién le habría gustado conocer?

No a Hemingway. He leído mucho acerca de él y era un hombre muy difícil. Picasso también era demasiado complejo, usaba a las mujeres sólo para sexo o para pintarlas. Creo que probablemente habría disfrutado conversando con Buñuel, a quien considero un genio. Scott Fitzgerald era un poco loco y su mujer era loca total. Por lo que me quedaría con Buñuel o con Cole Porter, ambos eran muy creativos y sanos mentalmente.

¿Quién es su ídolo?

Groucho Marx era una persona a quien yo había encumbrado durante muchos años, lo amaba. Pero cuando lo conocí, me recordó a uno de mis tíos chistosos, de ésos que hacen bromas en los matrimonios. Luego de esta experiencia, nunca más quise conocer a nadie a quien admiro; porque no quiero que mis ídolos se conviertan en gente común y corriente que se aburre, tiene hambre y le da dolor de cabeza.

¿Por qué ya no trabaja en Nueva York?

Es una ciudad donde es muy caro filmar una película y mi presupuesto no alcanza. Dispongo de cantidades limitadas de dinero que me permiten filmar en Europa, pero no en Nueva York.

Su próxima película será en Roma…

Es una comedia muy divertida, la mitad de la cinta será en inglés y la otra en italiano. Me inspiré en el cine que me fascinaba de joven: Antonioni, De Sica y Fellini.

Usted actuará después de algunos años. ¿Qué lo decidió a volver?

Que hay un rol para mí. No podría haber interpretado el rol de Owen Wilson porque ya no soy joven. Pero Jerry tiene mi edad, comparte mi sensibilidad; por eso tomé el papel y no se lo mandé a otro actor.

¿Echa de menos la actuación?

Estoy feliz cuando aparezco en mis películas y feliz cuando no lo hago. Ahora estoy pensando que cuando filmemos en Roma será verano y hará mucho calor. Y deberé levantarme temprano por las mañanas, afeitarme y colocarme la ropa de mi personaje. Entonces me preguntaré, ¿para qué hice esto? Pero el rol era demasiado bueno para no interpretarlo.

Sus películas son intelectuales y en esta última usted revive a Luis Buñuel, Gertrude Stein y otros artistas. ¿Cree que el público en general los conoce?

Mis películas siempre han tenido un público limitado. Siempre he hecho cine para personas cultas. Siento que mi público sabe lo mismo que yo; pero no soy un intelectual. No terminé la universidad. Asumo que existen millones de personas en el mundo que son educadas y desean entretención que no apele al más bajo común denominador; que no quiere choques de automóviles ni bromas de baño, que existe un público que desea algo más sofisticado.

¿Qué siente cuando lo critican?

No escucho a las personas que me critican ni tampoco a las que me dicen que soy un genio cómico. No me preocupa hacerme rico ni lo que dice la gente. Me enfoco en mi trabajo de la misma manera que un fundamentalista musulmán se enfoca en la religión. Si tuviera que darle consejo a los jóvenes, les diría que no escuchen nada ni lean lo que escriben de ellos, enfóquense sólo en su trabajo.

¿Sus hijos comparten sus ideas?

No, soy un fracaso. Trato de que escuchen música de Cole Porter y jazz de Charlie Parker, pero no quieren. Prefieren a Justin Bieber y a Lady Gaga. Sienten que soy antiguo, que no sé nada y los avergüenzo como papá. No hay nada que pueda hacer. Tengo amigos que escuchan música clásica en sus casas para influir a sus hijos, pero nada. A ellos les gusta lo que les gusta, lo que les agrada a sus amigos. No importa, yo soy el que está pasado de moda.

El mayor auge de sus películas en Estados Unidos fue en la década del 70…

Porque las compañías de cine aunque eran codiciosas y filisteas, permitían hacer un par de películas de cierta calidad al año, para salvar su propia conciencia y sus egos. Por eso financiaban algunas buenas cintas y se mostraban contentos con tener ganancias pequeñas. Si ganaban entre cinco, 10 y 15 millones, estaban felices. Ahora si ganan menos de 70, se desilusionan. Yo tuve mucha suerte. Trabajaba para Artistas Unidos quienes apoyaban mis filmes sin leer mis guiones ni hacer preguntas. Tenía corte final en todos mis proyectos.

¿Y ahora?

La dinámica es muy diferente, porque las compañías de cine descubrieron que pueden gastar 100 millones de dólares en una película para ganar 300 millones. Apuestan por lo grande y les importa un bledo hacer películas de calidad, sólo les interesan las ganancias. Por supuesto mi cine queda fuera; pero los europeos tienen otra visión y me las financian.

¿Le afecta el paso de los años?

No hay nada bueno con envejecer, nada. Se gana un par de cosas, algo de sabiduría en los fracasos amorosos y otras desilusiones. Pero lo que se pierde es catastrófico por donde se lo mire.

¿Qué lo impulsa a escribir?

Es algo que siempre he hecho, comencé a escribir antes de aprender a leer. Desde niño, era capaz de crear historias y escribirlas. Es como tener buen oído. Y cuando se tiene la habilidad para hacer algo, es necesario expresarlo. Si nadie me contratara y tuviese que lavar platos para ganarme la vida, volvería a mi casa en la noche y escribiría, porque me produce placer. Es mi hobby. Es algo muy natural.

“LA ÚNICA MANERA DE SOBREVIVIR ES CONTARSE MENTIRAS”
Por Álex Vicente París

¿Ser feliz implica tener talento para contarse esas mentiras?

Por supuesto. La felicidad depende del grado de habilidad que tengas para el autoengaño. En ese sentido, el amor es el principal mecanismo de supervivencia que nos ha dado la naturaleza.

¿El cine es otra mentira que ayuda a que el trago sea más llevadero?

Las películas te permiten distraerte y dejar de pensar sobre lo terribles que son las cosas, ni que sea durante una hora y media. Te metes en una sala, observas a Fred Astaire o a Penélope Cruz en la pantalla y la vida se vuelve un poco más bonita durante un rato. Cuando sales del cine y vuelves a la vida real, te sientes un poco más fresco. El cine es como tomarse una bebida fría en un día de un calor sofocante.

¿Se acentúa el escapismo en tiempos de crisis económica?

Uno de los pocos efectos buenos de la crisis es que ha provocado que el cine vaya mucho mejor. En tiempos de dificultades, la gente necesita más distracción y espectáculo. En la Gran Depresión de los años treinta sucedió exactamente lo mismo. Esta crisis no está siendo tan dura como aquella, pero tampoco está nada mal.

“Envejecer es un mal negocio: intenten evitarlo si pueden”, ha dicho. ¿No tiene nada bueno?

De joven me preguntaba por qué todo el mundo odiaba hacerse mayor. Ahora lo entiendo. No hay nada bueno en la vejez. De nuevo, es una de esas mentiras que nos contamos. El cuerpo empieza a fallarte, tus opciones disminuyen, el futuro se acorta, te vuelves sordo y pierdes la vista. Ya me dirá qué hay de bueno en todo eso.

¿Tal vez la experiencia?

Contrariamente a lo que se dice, al hacerte mayor no te vuelves más sabio. Yo siento la misma ansiedad hoy que a los 20 años. Claro que aprendes cosas sobre la vida, pero son cuatro tonterías prácticas y poco más. Por ejemplo, con la edad aprendes a utilizar una lente u otra para rodar una escena. En cambio, en lo que se refiere a las relaciones humanas, las mujeres, la familia, el amor y los asuntos existenciales, no tienes la mínima idea ahora ni la tendrás nunca. Nadie ha tenido nunca la menor idea sobre esto. Ni los filósofos griegos ni Dostoyevski ni nadie.

¿Se ve capaz de rodar sobre la guerra en Irak o en Afganistán?

La política me interesa como ciudadano, no como cineasta. Podría hacer una película sobre Irak, pero no me dice nada. Todos estos asuntos son efímeros. Hoy estamos convencidos de que tienen una importancia desmedida, pero en años se quedarán anticuados. Es como el divorcio, la infidelidad o el aborto. Hoy nos parece ridículo que en otra época la gente se escandalizara por cosas así. Los temas de actualidad caducan. En cambio, dentro de 100 años seguiremos interesándonos por los temas de los que hablo.

Es decir, por la muerte.

Por la muerte, la angustia y todos los demás problemas existenciales. El resto de cosas tienen solución. Otra cosa es que seamos tan estúpidos de no encontrarla. Pero la pobreza tiene solución, las dictaduras tienen solución y el sida tendrá solución algún día. En cambio, la muerte.

¿Los lugares donde rueda son intercambiables?

Mis películas podrían transcurrir en cualquier ciudad, siempre que sea sofisticada como Nueva York, Londres, París o Barcelona. Pero no podría hacer una película en Sudán o en el Amazonas. Cuando ruedo en una ciudad me mudo allí con mi familia durante tres meses, así que busco lugares cómodos y agradables. Y luego, claro, está la cuestión del dinero. Me marché a Londres porque era mucho más barato que Nueva York. Aunque el dinero no es lo único que cuenta. Nunca iría a rodar a Abu Dhabi, por muchas facilidades que me pusieran. Y nunca rodaría en el desierto, como hizo David Lean durante el rodaje de “Lawrence of Arabia”. ¿Se puede creer que se pasó dos años viviendo allí?

¿No tiene curiosidad por descubrir lugares desconocidos?

No soy una persona nada curiosa. He vivido toda mi vida a una hora de avión de Canadá, pero no fui hasta los 65 años. Y nunca he ido a México, que está a la vuelta de la esquina. Soy una persona con hábitos muy determinados. Siempre voy a los mismos restaurantes, hago los mismos paseos y veo los partidos de los mismos equipos. Cada día desayuno los mismos cereales Cheerios y una banana que corto inalterablemente en siete pedazos.

Pero sí tiene curiosidad por la vida humana.

Sí, pero tampoco hay que pasarse. No es como si me encantara conocer a decenas de personas nuevas ni que me pase horas escuchando historias sobre la vida de los demás. Nada de eso. Soy un tipo muy sencillo, que se pasa el día en casa vestido en camiseta y con una cerveza en la mano, viendo deportes en la tele y tocando el clarinete. No soy una persona que lea ni que se pase el día meditando sobre la vida.

¿Es usted un nostálgico?

Intento no serlo, porque la nostalgia es una trampa. Es muy fácil acomodarse en ese sentimiento tan maravilloso que, al mismo tiempo, resulta inútil y pegajoso. Es como acurrucarse en una silla recubierta de miel, que al cabo de poco te paraliza y te impide escapar. El pasado no sirve de nada.

En ese caso, sorprende que siga negándose a utilizar música actual en sus películas.

Me gusta la música antigua, porque es lo que escuchaba en la radio cuando era joven. Por ejemplo, Cole Porter, George Gershwin y Richard Rodgers. A partir de los cincuenta todo se volvió eléctrico y ruidoso. La cultura emprendió un giro radical, pero yo decidí quedarme donde estaba. Mis amigos me dicen que estoy ciego, que me estoy perdiendo cosas estupendas. Y seguro que tienen razón, pero me da un poco igual.

Cuando rodó en Barcelona le llovieron ciertas críticas acerca de los estereotipos. ¿Le dolió?

No, porque era justo lo que buscaba. Estaba mostrando la ciudad desde el punto de vista de dos turistas. ¿Qué quiere que vayan a ver, más que Gaudí? Hacen lo que haría todo visitante que nunca ha estado allí, que es exactamente lo mismo que hice yo cuando vine por primera vez. Es la Barcelona que quería proyectar, la ciudad observada a través de mi prisma. No tenía ninguna intención de ser realista. En todo caso, no me duelen las críticas, porque siempre me han dicho cosas así. Cuando rodé Manhattan, todo el mundo dijo que ese Nueva York no existía. Y tenían razón: Martin Scorsese y Spike Lee describen la ciudad de una forma mucho más precisa y fiel. Pero yo nunca he querido ser preciso o fiel, sino imaginativo. Y les advierto que con París sucederá exactamente lo mismo.

¿Cómo está transcurriendo el rodaje de “Midnight in Paris”?

Está siendo genial. París me gusta porque me recuerda a Nueva York. Tiene el mismo tráfico, el mismo ruido, la misma gente nerviosa y estresada, la misma acumulación de restaurantes, teatros y librerías. Pero encima es diez veces más bonita que Nueva York. Por eso, cuando estoy aquí, me entran ganas de volar.

El 24 de agosto de 2010 estará en Avilés para el estreno de “You will meet a tall dark stranger”. ¿Cómo se enamoró de Asturias?

(Se entusiasma) Por puro accidente. Llegué para recoger el Príncipe de Asturias sin esperar nada en particular, pero me acabé encontrando con un lugar absolutamente maravilloso. Me gustó todo: la gente, el clima, el paisaje y la comida. Es como un paraíso que no se ha echado a perder, pero que tampoco resulta primitivo. Es un lugar sofisticado y cultivado, donde todo resulta magnífico. Si tuviera que escaparme del mundo y escoger un refugio, ese lugar sería Asturias.

Si decide jubilarse, ¿le veremos allí?

Si me jubilo, creo que me quedaré en Nueva York, porque es donde tengo a todos mis amigos. Pero si tuviera que escapar de allí porque todo el mundo hubiera decidido odiarme, entonces mi plan B sería Asturias. Sin ninguna duda. Qué lugar tan maravilloso. A mi familia le encanta ir allí. Cuando supe que el estreno sería en Avilés me puse a dar saltos de alegría. Cualquier excusa es buena para volver.

¿Dónde le llevará su próxima película?

Todavía no lo sé. Tengo que hablarlo con mi mujer.

WOODY ALLEN, DIRECTOR DE CINE.
Por Gloria Scola

En “You will meet a tall dark stranger” están presentes el amor, el sexo, la crisis creativa, la culpa… En definitiva, la vida y los problemas amorosos. Como en casi todas sus películas.

Efectivamente, una vez más. Es que eso es lo que hay. Los hombres y las mujeres componen la población y, después de miles de años, siguen teniendo los mismos problemas que tenían en la antigüedad, y lo ves leyendo a Sófocles o a Aristófanes.

El personaje de Anthony Hopkins cae en lo ridículo queriendo recuperar su juventud. ¿Qué opina?

Creo que es muy triste. Es un hombre que se despierta en mitad de la noche y por primera vez se da cuenta de que es mortal y de que no vivirá para siempre. No es que no lo supiera, pero de pronto lo ve claramente y ve lo que implica. Se siente tan traumatizado que empieza a hacer ejercicio, a comer sano, a intentar negar la mortalidad… y su mujer, Gemma Jones, se convierte para él en una pesada. Le dice: “Oh, deja de hacer ejercicio, que ya no tienes 20 años y te vas a hacer daño en la espalda”.

¿El título de dónde viene?

En Estados Unidos, si alguien va a una adivina o a una gitana y le dicen: “Conocerás a un extraño alto y moreno”, generalmente la mujer dice: “Oh, qué bien, fenomenal”. Ese extraño alto y moreno es el símbolo de la mortalidad. En Estados Unidos ese extraño representa la experiencia romántica que uno quiere tener, pero también es ese extraño que nos espera a todos.

Qué triste. Y eso que es una comedia muy divertida. Sigue usted con su visión pesimista.

Sí, y casi todos los personajes están perdidos, excepto los que se mienten a sí mismos y se hacen ilusiones. Suena muy pesimista, pero yo lo siento así. Creo que la vida es muy inestable y da miedo. Y la gente está desesperada por creer en algo y que les den una respuesta mágica. A algunos les llega de un sacerdote, a otros de un rabino, todos se engañan a sí mismos. Creen que la vida tiene un sentido, o que hay cielo, y al final… Algunos de mis personajes creen en una vida anterior, hay mucha locura en cuanto a ese pensamiento de la nueva era. La gente está desesperada por creer en una nueva religión, o en la medicina alternativa. Te dicen: “No vayas al médico porque tengo un amigo que va a fulanito y es fantástico”. Y tienen métodos locos. Una nueva terapia para el reúma, el culto a los alimentos sanos… En América se han convertido en algo religioso. Te dicen: “Tómate estas vitaminas porque han cambiado mi vida”. Y les replicas: “Pero la medicina ha probado que no te hacen nada”. E insisten: “No, no me digas eso, porque yo cuando las tomo me encuentro mejor. Quizá no tenga ningún sentido, pero me hacen sentir bien”. La gente está desesperada por creer y agarrarse a algo.

Las películas también son terapia.

Sí, y la gente también se engaña a sí misma en el arte. Incluso los artistas se engañan a ellos mismos creyendo que su vida sí tiene sentido porque su arte permanecerá, pero lo cierto es que ellos morirán y el hecho de que su trabajo les sobreviva no significa nada, ya que sólo permanecerá durante un tiempo. Todo lo que escribió Shakespeare y lo que pintó Goya y lo que compuso Beethoven… Todo desaparecerá, es un panorama triste, pero la gente se agarra a lo que sea, y la clarividencia les sirve más que la medicina. La medicina es ciencia, y la ciencia es limitada. El médico puede ayudar, no puede hacer todo. Y con la clarividencia, vas al cura, al mago, y es magia. Pueden hacer que cualquier cosa ocurra, y eso te reconforta.

Y usted, ¿ha probado alguna vez lo de ir a una bruja o a una adivina?

¿Yo? No, nunca. Sería estupendo poder hacerlo, levantarme una mañana y poder engañarme a mí mismo diciendo: “He encontrado a alguien que tiene las respuestas mágicas para mí”, pero no, tengo una mente demasiado científica, y es una pena, porque ese es un don, como el que nace en una familia católica y cree en Jesucristo, pero no por la presión o porque esté de moda, sino porque lo cree en su corazón, y es un afortunado. Yo creo que se engañan a sí mismos, igual que si van a un adivino o una gitana, pero son felices. Tuve una conversación con Billy Graham, el famoso evangelista, y me dijo: “Incluso aunque tú tuvieras razón y yo estuviera equivocado, y no existiera Dios, aun así yo tendré una vida mejor que la tuya”. Y no pude rebatírselo.

¿Cómo lleva eso de ser un filósofo del siglo XXI?

Simplemente creo que las cosas que me interesan de una forma natural, como el cine o la escritura, son cosas que encajan en un área filosófica. Hay directores a los que les interesan los temas actuales de política o asuntos sociales, como Oliver Stone o Spike Lee, y hacen películas maravillosas. A mí nunca me interesó plasmar eso en el cine. Como ciudadano voto y hago campaña, pero cuando escribo me interesan cosas que caen en un área más filosófica, siempre por accidente. Siento que existen problemas filosóficos, no políticos. Aunque se cambiaran los regímenes políticos de algunos países y todos fueran democracias, o todos vivieran bajo el islam o el comunismo, no todos entenderían qué hacemos en el mundo, por qué estamos aquí o por qué tenemos que morir. Y las relaciones entre hombres y mujeres también serían difíciles, porque los problemas reales son siempre filosóficos. Los otros, los políticos, se pueden cambiar.

Es curioso, pero usted no tiene una relación difícil con la muerte.

No puedes evitar el hecho de que naces y de que vas a morir para siempre y de que el universo acabará y de que vives en el contexto de una experiencia sin sentido, y de que es importante para ti encontrar alguna razón para continuar en el día a día. Dices: “Si nada tiene sentido, ¿para qué seguir viviendo?”. Y tienes que descubrir por ti mismo qué sentido tiene, porque si te paras a pensarlo… Yo siempre he sentido que este es un tema no intelectual y que cuando lo piensas no puedes ganar, porque no tiene sentido y la vida es triste y trágica y todo se desvanece, pero si coges una pistola y me apuntas, te diré: “¡No, no me dispares, no me dispares!”. Y dirás: “¿Por qué? Si nada tiene sentido”. Y te diré: “No sé, pero no, no lo hagas”. Buscar esas respuestas es el trabajo más extraño, y por eso me interesa más eso que la política en el arte.

Habla de los cambios políticos. Usted apoyó a Obama. ¿Está contento con él?

Sí, estoy encantado con Obama. Es estupendo, y ojalá los republicanos se quitaran de su camino y dejaran de intentar herirlo. Le hacen más daño que ninguna otra cosa, pero él es genial y está consiguiendo cosas. Soy admirador suyo.

Antes mencionaba a Oliver Stone y a Spike Lee. ¿Todavía va al cine y ve lo que se hace?

Sí. Si se trata de una película seria y de un buen director como Oliver Stone, sí que la veo, porque le considero inteligente y quiero ver su trabajo. Pero no me molesto en ver muchas de las películas que se estrenan en EEUU y que están muy de moda, porque son demasiado infantiles o tontorronas. Pero las de Scorsese, Stone… siempre voy a verlas.

Y hace homenajes a películas clásicas. En “You will meet a tall dark stranger” la chica que toca la guitarra en la ventana de enfrente a la de Josh Brolin recuerda a “Breakfast at Tiffany’s”.

La verdad es que no lo había pensado. Lo hice porque desde la ventana trasera de mi apartamento de Nueva York veo muy bien al vecino y desgraciadamente es un hombre que está ante el ordenador. Pero pensé: “¿Y si fuera una mujer guapa? Qué idea tan romántica, con el jardín, se saludan con la mano…”. Pero he visto muchas películas porque me encanta el cine y me resulta un placer. Ahora menos placer, porque hay películas malas. Y las buenas generalmente no son estadounidenses. Veo una película a la semana, y me doy cuenta de que las mexicanas, iraníes, francesas, españolas o chinas que me inspiraban eran tan buenas como algunas americanas. Ahora hay algunas americanas que vería, y las que no vería, las malas, son las que recaudan 400 millones de dólares. Se estrenan películas que los adultos no quieren ver pero que recaudan fortunas y tienen un gran público.

Veintiún nominaciones al Oscar, tres estatuillas (por el guión de “Manhattan” y el guión y la dirección de “Annie Hall”) y nunca fue a recogerlas. Y en Cannes siempre fuera de competición. ¿Por qué?

Es mi quinta vez en Cannes, pero nunca he estado en competición. No creo en la competición en el arte. La gente hace su trabajo artístico y otros lo disfrutan. ¿Cómo podrías decir que un Picasso es mejor que un Matisse, o al revés? Ambos son maravillosos. Y lo mismo ocurre en el cine. ¿Por qué tenemos que decir que una película es mejor que otra? No hay mejores. Si alguien hace una película maravillosa y otro también, ambas son maravillosas.

¿Qué piensa del 3D? ¿Habrá una película de Woody Allen en 3D?

No, no puedo, pero me han dicho que Playboy va a sacar una edición en 3D y te dan los anteojos, y eso sí que lo puedo entender, porque con esas mujeres en tres dimensiones tú ganas algo, pero nadie querría verme a mí en tres dimensiones. No tendría sentido. Yo soy básicamente mejor en una sola dimensión.

¿Y ve positivos los avances tecnológicos en el cine?

Sí, creo que pronto todo será digital, y eso es bueno porque ya no habrá proyeccionistas que pierdan el hilo al cambiar el rollo, ni saltos de pantalla en negro… Ahora se meterá el disco en el reproductor o se verá a través del satélite y lo verás sentado desde tu butaca. Lo que ocurre es que cada vez se ve más cine en casa, la gente se hace su salita de cine con una gran pantalla plana, y llaman y dicen: “Quiero ver la nueva película de Michael Douglas”, y la ven. Pero eso ayudará al teatro en vivo, porque el ser humano necesita la experiencia de sentarse con otras 500 personas y ver y compartir algo, así que volverán al teatro y a los conciertos de música para vivir su experiencia. Cuando yo era pequeño, veía a los hermanos Marx con otras 500 personas y todos nos reíamos. En el futuro serán diez amigos en casa, pero no esa comuna del cine, así que eso enviará a la gente al teatro a ver comedia y drama.

“You will meet a tall dark stranger”, al igual que “Vicky Cristina Barcelona”, está producida por Mediapro. ¿Qué tal le ha ido con los productores españoles?

Fenomenal. Los de Mediapro, desde el punto de vista personal, son estupendos y muy sensibles con el artista. Te apoyan mucho y, a diferencia de los americanos, que se meten en tu película y quieren saberlo todo, son extremadamente beneficiosos para el artista. Ha sido una experiencia maravillosa y como personas también son gente agradable con la que salir a cenar.

¿Volverá a rodar en España?

Seguro que sí, porque tuve una experiencia maravillosa. Fue un gran placer.

¿Y rodará en Brasil el año que viene?

Pues no lo sé, estamos explorando esa posibilidad y mi productor fue a Brasil para mirar cómo van las cosas allí. Pero lo único cierto es que ruedo en Francia “Midnight in Paris”. Más allá de eso, ni idea.

CHICOS POCO LUMINOSOS
por Sara Vilkomerson

“Diane Keaton siempre me decía, ‘Soy terrible, soy terrible, no puedo hacerlo, debes conseguir a alguien más. Y ella siempre fue brillante. Bueno, Larry es así”, dice Woody Allen a través del teléfono de su departamento en el Upper East Side de New York. El director nos habla de su nueva película “Whatever works” (“Si la cosa funciona”), que protagoniza Larry David, y abrió el Festival de Cine de Tribeca el 22 de abril para estrenarse el mes que viene.”Yo siempre había sido su fan. Le pregunté si quería hacerlo, y dijo: ‘Pero yo no puedo actuar. Sólo puedo hacer lo que hago, no soy un actor, te decepcionaré'”, afima Allen. “Ya sabes, esos son los que siempre pueden hacerlo. Los que te digan cuan grandes son nunca lo harán”. “Larry es todo, ‘No puedo hacerlo. No puedo hacerlo’, pero cuando llegó el momento de actuar, de sacarlo todo afuera, lo hizo. Y no sólo la comedia, que yo esperaba, sino todas las otras cosas que tenía que hacer, las que requieren actuar y tocar emociones, también.”

“Ni siquiera sabía que estaba en la mira de su radar, a decir verdad”, dice Larry David, con la máxima seriedad, hablando desde Los Angeles un par de días más tarde. “Estoy muy sorprendido por eso. Cuando escuché que Woody Allen es un fan mío… (pausa) Es sorprendente”.

“Le di todas las oportunidades para que encontrara otra persona. Estaba incómodo. Fuera de mi zona de confort “, afirma. Entonces ríe. “Por supuesto, mi zona de confort no es muy grande. Hago un paso a la derecha y estoy fuera de ella”.

Analizando, una nueva película de Woody Allen protagonizada por Larry David filmada aquí, en la ciudad de New York. ¿Podría haber una más radical muestra de talento, comedia y neurosis? Para la mayoría de nosotros, Woody Allen es como la quintaesencia de Nueva York, como el edificio Chrysler. Muchos neoyorquinos se criaron con una visión de esta ciudad que es la suma de “Annie Hall” más “Manhattan” y “Hannah and her sisters”, donde en el horizonte siempre se tuerce y el romance acecha en cada esquina, entre sesudos y nerviosos hombres y jóvenes, encantadoras, ingenuas y hermosas mujeres en grandes departamentos, donde hay países con langostas para cazar los fines de semana y siempre, siempre, un amor encontrado y fallido. Y está Larry David, otro chico bueno de Brooklyn, co-creador y escritor de la serie Seinfeld, que definió New York de nuevo en los años 90, con su exquisitez, un sinfín de exámenes y la sudoración de las pequeñas cosas, maestro de los garages y de las camisas holgadas. Desde su especial de 1999 en HBO Larry David: Curb your entusiasm, y esa serie que siguió y se sigue transmitiendo, ha realizado obras maestras de las situaciones insoportables. La noticia de que iba a protagonizar la última de Allen había dejado a algunos frotándose las manos con deleite de antemano y a otros afilando sus cuchillos, todos ansiosos por ver si David podría salir de ésta como un paradigma del Woody misantrópico. Cosa que es más difícil de lo que podría parecer… ¿Recuerdan la desastrosa actuación de Jason Biggs en “Anything else” o de Kenneth Branagh en “Celebrity”?

Pero vamos a seguir adelante y decir que: “Whatever works” es Woody Allen exactamente como usted desea a su Woody Allen. Es ingenioso, oscuro, emotivo, cómico y divertido, y presenta una New York filtrada a través de su lente como nunca la hemos visto antes. Es decir, olvidemos el Upper East Side. Esta película se arrastra a través de las torcidas y estrechas calles del Lower East Side y Chinatown. Y David sale bien parado.

El título hace referencia a una filosofía pragmática cuando se trata de nuestros traidores corazones humanos, a saber, que si encuentras algo o alguien en tu vida que te hace feliz, vayas hacia ello. Independientemente de si a primera vista parece que está todo mal. “Yo creo firmemente en ello,” afirma Allen. “Mientras no esté perjudicando a nadie … o causando algún daño o lastimando a alguien, o algo horrible, que lo que funcione (whatever works, en inglés) para conseguir sobreponerse y continuar con tu vida está bien. Todas las tonterías sobre lo que uno debe y no debe hacer y lo que es apropiado, entre comillas, de acuerdo a lo que yo llamo la “policía de lo apropiado”, es absurdo. Es la dura pelea por la vida”, continúa. “Una situación trágica. Cualquier cosa que ayude a salir adelante en la medida en que no haga daño a nadie, está bien”.

“Whatever works” tiene su parte justa de rincones oscuros, pero el público puede ser sorprendido agradablemente en última instancia, con un mensaje soleado. “Creo que mi filosofía ha sido coherente a lo largo de los años, y puede que sea persuasiva o idiota en función de cómo la película es de buena”, dice. “Si hago una película y la película en sí funciona, entonces creo que la gente dice: ‘Caramba, aquí la filosofía tiene sentido’. Y si hago una película en la que me he atascado, he hecho malas elecciones artísticas y no es buena, entonces piensan, ‘Sus ideas son estúpidas, narcisistas e irrelevantes’. Pero en realidad las ideas han sido siempre las mismas… Es sólo que he fallado artísticamente”.

El concepto de cosas que parecen correctas enfrentado al de estar en lo correcto, ha aparecido en las películas de Allen antes. “Esto sucede todo el tiempo”, dice Allen. “Conoces a alguien y tienes una relación con esa persona y, en los papeles, parece una relación totalmente lógica y correcta y lo es. Sin embargo, por algún motivo inexplicable, te acercas hacia la persona que está mal para ti, y hace de tu vida un infierno. Y eso te atrae aún más. Y así has resuelto para la persona que era justa en los papeles, que ella no habría sido feliz”.

De regreso en Los Ángeles, Larry David considera que la filosofía de “lo que funcione” puede aplicarse a él (de hecho, tomó una noche para pensarlo antes de estar de nuevo en el teléfono con sus pensamientos sobre el tema).

“Aunque podría ser algo justo sobre el papel, no significa necesariamente que va a funcionar”, dice. “Considerando que algo muy extraño en los hechos puede ser perfecto, si hay algo acerca de esa persona que te hace sentir bien, eso es lo más importante. Pero generalmente esas son las primeras personas a las que rechazo. Las que me hacen sentir bien. ¿Por qué debo sentirme bien cuando hay mujeres que no pueden estar conmigo y de quienes no puedo estar cerca? Esas son las que quiero”.

Este tipo de sentimiento es exactamente lo que era de esperarse de David que en Curb Your entusiasm desempeña una versión bizarra de sí mismo. Pero considere esto: si la persona que creemos conocer de la serie, está ahora en “Whatever works”, jugando una nueva versión cinematográfica de Woody Allen, estamos realmente perdidos en altos niveles de confusión cuando se trata de distinguir la línea entre el artista y la realidad. ¿Dónde estamos ubicados? ¿Es Boris, con sus aplastantes inquietudes y asco para con la raza humana, una representación del propio director?

“No conozco tanto a Woody bien, pero es bastante obvio de que Boris es por lo menos alguna de las facetas de Woody,” dice David. “Aunque debe haber visto algo en mí para hacerme un pasable doble suyo”. David llevó recientemente a su casa “Annie Hall” para que la viera su hija de 14 años. “Ella no pudo soportarla debido a que (el personaje de Woody) le recuerda demasiado a mí. Y no puede verme tampoco… Por lo que sé, somos las únicas dos personas de las que dice eso”.

Uno podría pasar horas con la lista de las similitudes entre Allen y David (ambos nacidos en Nueva York en barrio judío, plumas fuertes, importante capacidad verborrágica), pero las diferencias son más interesantes. Por ejemplo, aunque los dos pueden ser llamados pesimistas, las formas en la que lo son se encuentran en lugares opuestos.

“Creo que Woody es probablemente más un pesimista sobre el panorama general,” afirma David. “La desesperanza, la falta de todo sentido, la negrura de la eternidad; esa clase de preguntas. Sospecho que yo soy probablemente más pesimista acerca de cosas más pequeñas: la relación quecno funciona, Obama pierde, los Yankees también, cosas así. La gente no puede ver deportes conmigo porque soy muy pesimista. No soy divertido”.

¿Pero qué ocurre cuando Obama gana? “¡Lo sé! Mi mundo va patas arriba. Y todavía no puedo creerlo”.

Respuesta de Allen a lo que quizá se vea como un final feliz. “Soy siempre tan didáctico en todo lo que hago, y así de firme, quería que quede claro que, a pesar de que fue un final feliz, todos siguen viviendo en esta trágica situación, y con una vida trágica, y que la historia termina con un cierto grado de felicidad sólo temporal,” dice. ¿Um, realmente? “Quería retratar Larry asumiendo la vida más cerca de la realidad que otras personas. Él puede parecer un quejoso, un descontento, un misántropo, un cínico, o un nihilista. Pero independientemente de las palabras con que desees describirlo, hay una enorme y triste realidad en su percepción. Y yo quería que quedara muy claro al final de la película”.

Larry David rió cuando le conté después lo que dijo el director. “Creo que en general hay momentos de alegría, pero al final todo es negativo,” afirma. “Entonces hay una gran piscina, que es lo negativo, en la que vives sumergido y de vez en cuando se puede nadar a la superficie como un delfín y obtener alguna alegría y, a continuación, volver abajo”.

“Tengo lo que yo llamo, lo que yo percibiría como una visión muy realista de la vida. Mientras otras personas me critican todo el tiempo por ser, ya sabes, cínico, nihilista y misántropo”, dice Allen. “Y sabes, no creo que esto sea así. Aunque es posible que lo sea y tengo un punto ciego. Pero no lo creo. Creo que mi percepción es correcta y que un acontecimiento trágico requiere de verdadera improvisación, suerte y trabajo para sobreponerse a él”.

El rodaje de “Whatever works” fue agradable en todos los sentidos. Allen dirige largas, difíciles tomas, pero mantiene horarios civilizados, y para los nativos de New York como Patricia Clarkson, fue una oportunidad de caminar a casa del trabajo. Michael McKean, quien interpreta a uno de los pocos amigos de Boris, había trabajado con Allen en 2004 en la producción del teatro Atlantic, Secondhand memory, afirma que Allen estaba especialmente enérgico y feliz. “Parecía estar de buen humor. Tuvo una gran relación con su director de fotografía y el resto del equipo. Él sabe lo que quiere y eso es clave. Y fue un buen grupo”. McKean continúa diciendo que el director llevaba a David y Evan Rachel Wood (recomendada para el papel por Soon-yi Previn) a Katz deli para un corned beef de medianoche.

“Él escribe esas notas realmente hermosas”, comenta por su lado Clarkson, sobre recibir su segundo guión de Woody Allen. “Con ‘Whatever works’ fue algo gracioso como: ‘Si usted tiene algo mejor que hacer, la entenderé’. Y, a continuación, abrir el guión y descubrir este papel divino”.

Y cuando dice notas, quiere decir notas. Nada de e-mails para Woody Allen. “Me sobrepasa”, es su comentario sobre la era de Internet. “No tengo un ordenador, no tengo un procesador de textos o cualquiera de esas cosas. Nunca he sido capaz de trabajar con esos instrumentos. No tengo todos esas herramientas. Tengo una máquina de escribir y aún, después de todos estos años, tengo grandes problemas para cambiar su cinta”. Relata. “Sé que me estoy perdiendo algo. Que los amigos buscan en Google información instantánea o cosas”. El mantiene un diccionario Webster siempre a su lado. “Es sólo que a mí me sigue pareciendo tan futurista… Todavía me esfuerzo y lo hago de la otra manera. No digo que con orgullo, o que sea una buena cosa. No creo que lo sea. Simplemente nunca he sido capaz de hacer la transición”.

Allen dice que él siempre le dice a sus actores que improvisen. “Si vas a pedir el divorcio, pide el divorcio. Y hazlo con tus propias palabras”. David, un excelente improvisador por naturaleza, quiso ceñirse al guión, aunque tuvo el impulso en el inicio del rodaje de intentar cambiar las cosas. “He estado diciendo mis propias palabras toda mi vida”, dice David. “Puede ser refrescante tener las palabras de alguien más en mi boca.”

¿Se acostumbró? le preguntamos. ¿Cuándo se comenzó a sentir cómodo en su papel protagónico? “Tal vez el penúltimo día,” se rió. “Sí, el último día. Estaba como ‘¿Sabes qué?, Pienso que esto es muy fácil'”.

Allen afirma que ahora que ha terminado su película, que ha hecho las copias para el exterior y está terminando las correcciones de color en DVD, nunca va a verla de nuevo.

“Hice ‘Take the money and run’ en 1968 y nunca la he visto, igual que a cualquiera de las demás”. Allen asiste a los estrenos pero nunca ve la película. “Voy, camino por la alfombra roja … una sonrisa… responder a las preguntas y continuación, me siento en la sala y al segundo que las luces comienzan a bajar, estoy fuera. Estoy en un restaurante con mi esposa cenando. Y luego a ir a la fiesta y cambio nuevamente a modo de falso tono social para el intercambio de enormes mentiras… Han odiado la película, pero están diciendo, ‘Cielos, gran película. Gran film'”.

Se puede esperar este tipo de comentario de Boris, pero no de Woody Allen…

“Puedo decir que nunca he sido feliz con mis películas”, dice tranquilamente. “Es siempre la misma historia: me puse a hacerlas y me había propuesto hacer, ya sabes, lo más grande que jamás se ha realizado. ‘Othello’ o ‘Citizen Kane’. Pero para el momento que he finalizado, cuando está terminado, y lo he estropeado artísticamente, no pude conseguir aquel actor y no tenía dinero suficiente para ello e imaginé mal esta broma… Cuando armé la película, he pasado de estar seguro de que iba a hacer la próxima gran obra maestra a rezar porque sólo no sea una vergüenza”. Suspira. “Así que me encuentro en la sala de montaje tomando un momento de aquí y pegandolo allí. Poniendo un fragmento de música aquí y emparchando algo allá, con la esperanza de respirar y sobrevivir. Y ya he abandonado toda esperanza de integridad y de una obra maestra sin concesiones”.

Al tener a Larry David en “Whatever works”, Woody Allen ha añadido algo a su canon al que él nunca podría haber llegado por su cuenta. Contrató al único comediante que ha puesto filo cortante en la usual simpatía del intérprete de Woody Allen. “Whatever works” puede no ser una obra maestra sin concesiones, pero es la sorprendente colaboración de dos maestros de la comedia intransigente de la psique romántica y torturada de New York.

Y funciona.

WOODY, SU ESTATUA Y SU VIDA DIARIA
por Norma Meyer

Woody Allen se ríe porque está siendo objeto de vandalismo. Hace cinco años, se erigió una estatua tamaño natural en bronce del realizador en la ciudad española de Oviedo, donde más tarde rodó parte de su filme, “Vicky Cristina Barcelona”. Los cazadores de souvenirs viven robando del rostro esculpido sus característicos anteojos. “Los anteojos son de bronce igual que la estatua, y están soldados. Pero vienen con sopletes y los sacan. Es un problema constante”, dice un divertido Allen, mirando a través de sus gafas gruesas.

Woody, Soon-yi Previn y Manzie Tio & Bechet Konigsberg

Cuando la charla gira hacia su obsesión con la muerte, piensa en qué regresará reencarnado: “Siempre pensé en una esponja”. Lo que más se destaca durante el diálogo, sin embargo, es la cantidad de veces que, como ocurre con cualquier esposo y padre feliz, habla de “mi esposa” y “los chicos”. Hace ya una década que Allen se casó con Soon-Yi Previn. Allen y Soon-Yi tienen dos hijas adoptadas, Bechet y Manzie Tio. las dos con nombres de músicos de jazz de New Orleans. Y Allen se muestra como un padre cariñoso.”Hago todo con ellas. Las despierto a la mañana… es la primera tortura del día. Y después desayuno con mi mujer y las chicas. Y las llevo al colegio”, dice Allen, que tiene chofer. Luego enumera las actividades padre-hijas de esta semana: fueron a ver una comedia de los Hermanos Marx, jugaron al Monopoly y participó de una clase de guitarra. Con una exasperación fingida, cuenta que las chicas le rogaron que inventara otro cuento antes de dormir, cosa que, se queja, cada vez le cuesta más porque “me estoy agotando”.

Cuando le llega el turno a Soon-Yi, de 38 años, describe su unión como “pura suerte” que se produjo por “una concatenación absurda de hechos… Si alguien me hubiera dicho cuando era más joven que me casaría con una chica asiática mucho más joven que yo y sin el menor interés por el mundo del espectáculo, habría dicho que eso no podía funcionar. Pero todo marchó fantásticamente”. Ni Bechet ni Manzie han visto películas de Allen -“mi mujer ha visto como máximo, la mitad de mis películas”-.Al preguntarle si alguna vez tuvo un ménage à trois a cuento de “Vicky…”, Allen suelta una carcajada. “Es algo en lo que pienso. Pero no demasiado. Es decir, lo he pensado. Probablemente no sabría por dónde empezar”. Como Cruz y Bardem en la película, Allen dice que una vez tuvo una relación romántica salvaje que era “fantástica y enloquecedora. Era una persona extremadamente bella y sexy y brillante y difícil, muy difícil”. ¿La mujer? La actriz Louise Lasser, con la que estuvo casado a fines de los ’60.Pese a tener el pelo más ralo ya canoso y las arrugas más marcadas, Allen parece estar en plena forma, sentado en el sofá con una camisa a cuadros y pantalones anchos. Entonces, ¿de qué se queja? “Ah, bueno, las mismas cosas de siempre, las existenciales. Estoy más viejo. Me lastimo el pie y tarda dos meses en curarse. Y eso no me gusta. Antes hacía ejercicio por placer. Ahora tengo que hacerlo. Igual que con las cosas que debo comer. Odio envejecer”.

De su dieta, que incluye verduras verdes y pescado, dice “todas esas cosas sin ninguna gracia y para nada placenteras que supuestamente te mantienen sano”. Luego señala que sus padres comían carne y helado todos los días y su padre llegó a los 100 y su madre a los 95. Siempre celebró sus buenos genes, pero leyó una nota donde decían que la longevidad no es hereditaria. “Entonces me quejé por eso”, dice.

Durante muchos años, Allen hizo terapia, pero lleva más de una década sin hacerlo. Se dio cuenta de que hacer cine era tan valioso como el sofá. “Al tratar de entender a todos los personajes para hacerlos interactuar, uno tiene que pensar forzosamente en las motivaciones y las personalidades y los caprichos y defectos psicológicos”. Al oírlo hablar de su vida actual -que no se pierde ni un solo partido de los Knicks, que mira béisbol todas las noches por TV- el director que tira toda esa angustia en la pantalla parece, en la superficie, absolutamente equilibrado.

No sabemos qué le depara el futuro a Allen… ni a sus anteojos. El alcalde de Oviedo dedicó la estatua de Allen caminando por la calle en 2003, cuando el autor había recibido uno de los mayores honores de España por su contribución al cine, el Premio Príncipe de Asturias, al que luego se sumaría el Doctor Honoris Causa de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. “Es una estatua excelente. Lo que la hace ridícula es que sea yo -dice-. Al principio pensé que era una especie de broma, que la ponían cuando llegaba y la sacaban en cuanto me iba”.

ENTREVISTA CON WOODY ALLEN
por Josh Horowitz

No lo consideres o ponlo en un pedestal, pero Woody Allen continúa haciendo lo que sabe hacer mejor. Un nuevo film suyo aparece virtualmente cada año, y la discusión comienza: “- Solía ser tan bueno.” “- Está de vuelta.” “- ¿Por qué no hace otra comedia?” Y aquí vamos con “Cassandra’s dream”, un drama digamos, más cercano a “Match point” que digamos, a “Sleeper”. La legendaria máquina de citas habló con nosotros sobre su último trabajo, por qué tiene algo con Scarlett Johansson y por qué probablemente lo veas jugando con un iPhone.

“Cassandra’s dream” es el tercer filme seguido que ha hecho en Inglaterra. ¿Siente que las nuevas locaciones lo han revitalizado?

Tentador como sea decir eso, en realidad no es así. Estaba con toda mi energía en New York y entonces escribí “Match point” para New York. Luego los fondos vinieron de Londres. Luego las naciones europeas empezaron a llamarme para sus países. Tenía una oferta para filmar en Francia, otra para hacer uno en Italia y acepté hacer un film en España. He completado una película con Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson en ese país.

¿A cuánto tiempo atrás se remonta la idea de “Cassandra’s dream”?

Había escrito una obra off-Broadway años atrás sobre una familia que dependía económicamente de su tío. En esa obra no había asesinato ni nada de eso. Pero se me ocurrió mientras la dirigía, ¿y si el tío los abatiera? Cuándo ellos le pidieran un favor, él entonces les pediría otro a ellos… Ese fue el germen de la idea.

Hubo una noticia el otro día de que usted y Scarlett Johansson iban a ser parte de una antología fílmica neoyorquina…

Una fabricación total y absoluta. Armada como un poema de Coleridge. Completamente falso. Ni siquiera está basado en una conversación ni nada.

Sin embargo es cierto que Scarlett y usted tienen una buena relación laboral. ¿Por qué piensa que ustedes se conectan?

Apareció en mi vida profesional inadvertidamente. Supuestamente la protagonista de “Match point” iba a ser Kate Winslet, pero a último momento ella estaba exhausta y llamó para decir que no podía hacerlo porque venía de película tras película y quería pasar tiempo con sus hijos. Lo entendí completamente. No creo que las películas deban ser prioridad de nadie. Dije: “Por supuesto, no hay problema.” Pero estba mintiendo porque evidentemente era un problema para nosotros. Tratamos de buscar a alguien que estuviera disponible. Y Scarlett lo estaba. Todo fue en un fin de semana. Tan pronto nos conocimos, tuve buen rapport con ella. Es encantadora, brillante y divertida. Levanta el ánimo del set. En el momento en que ella entra el amperaje sube 200 puntos. Es una chica genial y muy talentosa. Puede cantar, puede hacer cosas dramáticas y bromas si la quieres para eso. Cualquiera sea el papel que deba hacer, probablemente ella sea mi primera elección.

¿Quién más desearía que actuase en una de sus películas?

Siempre he querido hacer un filme con Reese Whiterspoon y Cate Blanchett. Son personas que tengo muy arriba en mi lista. Me encantaría encontrar algo para hacer con ellas.

Me decía que no recibe casi ninguna oferta para actuar en filmes de otros directores.

Mejor di nunca.

Recuerdo que se habló de que iba a co-protagonizar con Jim Carrey “Stuck on you”.

Primera vez que oigo eso. En toda mi carrera tuve una oferta cercana a esa. He hecho una o dos cosas en estos años como favor no por dinero. Nunca tengo verdaderas ofertas. Y podrías decir que hay ciertos papeles para los que sería natural hacerlo: un profesor, un psicólogo o alguien humilde.

Me sorprende.

Podrías pensar que las partes de un Walter Matthau hubiera hecho a esta altura vendrían a parar a mí. Pero nadie me pide hacer del padre, el viejito adorable, o el manager de un teatro. Nunca recibo nada.

¿Usa computador para algo?

No. No tengo computador. Escribo a mano y luego lo paso con a mi Olympia portátil, la uso desde que tenía 16 años. Es la misma y la he usado con cada cosa que he escrito en mi vida. Funciona bien. No sabrías si la compré ayer.

¿Tampoco iPhone o iPod?

Tengo un iPhone. Alguien puso allí toda mi música de New Orleans entonces cuando viajo no tengo que llevar tanta cosa conmigo. Así puedo sentarme en mi hotel y practicar con mis auriculares.

Hablando de música, se podría pensar que ha habido interés en volver alguna de sus películas un musical para el teatro.

Todo el tiempo. Pero nunca he estado muy dispuesto a ello. He tenido un millón de ofertas por “The purple rose of Cairo”, un millón de ofertas por “Bullets over Broadway”, pero nunca he estado demasiado entusiasmado con ello. Siento que una vez que están hechas es todo. No quiero estar involucrado en eso. Se puede dar la situación de que acceda y cuando vaya al estreno pongan una bala en mi cabeza. No es algo que me interese demasiado.

¿Siente el mismo interés por la actuación que siempre ha tenido?

No salgo de mi camino para escribir algo para mí. Soy demasiado viejo para ser el interés amoroso de alguien en una película, por lo tanto me antengo fuera.

¿Tiene una actuación favorita de las suyas?

Siento que estuve igualmente bien o mal en todas ellas. Realmente no puedo actuar. Hago alguna cosa. Pero tengo un rango limitado. Si tomas a un actor como Dustin Hoffman o Philip Seymour Hoffman, pueden interpretar sesenta tipos diferentes. Yo tengo un pequeño margen que puedo hacer, que es casi como no actuar. Puedo hacerlo y hacerlo bien porque nunca me aventuro a la zona dónde soy desafiado. Es un menú limitado de papeles que puedo hacer. He sido bueno en todos mis filmes, pero lo bueno está acotado para mí.

Muchas de sus líneas se han vuelto famosas. ¿Lo han sorprendido alguna vez las que más éxito han tenido?

Sí, me sorprende porque siento que he hecho un buen número de líneas que se merecen más la inmortalidad. Por ejemplo, dije años atrás: “Ochenta por ciento de la vida es mostrarse.” Esto ha sido citado veinte millones de veces es una de las frases menos ingeniosas que he dicho. Las ha habido más profundas y que han tenido sus risas en las películas pero no han llegado al panteón de “Bartlett’s”.

¿Hay alguna línea poco apreciada sobre la cuál quisiera llamar la atención?

Hay una en “Deconstructing Harry”: “Toda la gente conoce la misma verdad. Nuestra vida consiste en como decidimos distorsionarla.” Es una buena línea que nunca ha tenido notoriedad.

WOODY ALLEN SOBRE INGMAR BERGMAN
por Richard Corliss

Creó alegorías indelebles sobre un hombre de posguerra a la deriva sin Dios. Fue el gran dramaturgo que creo mujeres fuertes y torturadas y el mejor director de actrices. Más que ningún otro realizador, elevó el status de las películas a una forma de arte igual a las novelas u obras teatrales. Sin embargo, cuand Ingmar bergman murió el lunes, la descripción más popular fue: El director favorito de Woody Allen. Filmando su nuevo filme en España, Allen se tomó un tiempo para hablar conmigo sobre Bergman.

Richard Corliss: Bergman tenía 89 años, tuvo mucho tiempo de vida y hay que pensar que dijo lo que tenía que decir.

Woody Allen: Sí, no fue sacado prematuramente de nuestro medio. Sin embargo, el hecho de que haya sucedido solamente, es triste, simplemente terrible, trágico.

RC: Usted es primero, y sobre todo, un hombre de Bergman y lo ha sido por 50 años. Había mucha gente joven en los 50 que veía filmes de Bergman -generalmente “Det sjunde inseglet” (“El séptimo sello”)- y salían abrumados y casi con una conversión religiosa. Y la doctrina de esa religión era que el filme era un arte.

WA: Estoy de acuerdo. Para mí fue “Smultronstället” (“Fresas salvajes”), “Det sjunde inseglet” y “Glycklarnas afton” (“Noche de circo”). Ese grupo de filmes que aparecieron nos decían que Bergman era un realizador mágico. Nunca habrá nada como esto. Esta combinación de artista intelectual y técnico fílmico. Su técnica era sensacional.

RC: Luego de largo tiempo admirándolo, finalmente lo conoció, a través de Liv Ullman, que protagonizó muchos de sus filmes y vivió con él por algunos años.

WA: El y yo cenamos en su suite de un hotel de New York; fue un gran trato para mí. Estaba nervioso, realmente no quería ir. pero él no era para nada lo que uno podría esperarse: el formidable, oscuro, envolvente genio. Era un hombre normal. Compartía conmigo penas sobre las bajas recaudaciones de taquilla, las mujeres y tener que lidiar con los estudios.

Más tarde habló conmigo por teléfono desde su extraña y pequeña isla (Faro, donde Bergman vivió sus últimos cuarenta años). Me confesó sus sueños irracionales: por ejemplo, que aparecía en el set y no sabía donde poner la cámara y estaba en un ataque de pánico. Tuvo que despertarse y decirse a sí mismo que era un experimentado, respetado director y que realmente sabía donde poner la cámara. Pero esa ansiedad estaba con él luego de haber creado 15, 20 obras maestras.

RC: Usted sabe que él es Ingmar Bergman, pero quizás el no. No podía ver su reputación desde afuera.

WA: Exactamente. El mundo lo veía como un genio, y el estaba preocupado por la recaudación del fin de semana. Sin embargo el era simple y coloquial en su discurso, que no estaba lleno de profundos pronunciamientos acerca de la vida. Sven Nykvist (su director de fotografía) me contó que mientras hacián todas esas escenas sobre muertes y muerte, hacían bromas y se contaban chismes sobre la vida sexual de los actores.

Bergman & Nykvist

RC: Usted trabajó con Nykvist en cuatro filmes. Y parece compartir con Bergman la ética de trabajo.

WA: Le copié algo de eso a él. Me gustaba su actitud de que un film no es un evento para hacer mucho ruido. El sentía que filmar una película era solo un grupo de personas trabajando. A veces hacía dos o tres films por año. Trabajaba muy rápido. Filmaba siete u ocho páginas de guión por vez. No tenía el dinero para hacerlo de otra forma.

RC: Una razón por la cual los hombres de cierta edad se conectan con los trabajos de Bergman es que tenía las más bellas y poderosas actrices en su compañia: Eva Dahlbeck, Harriet Andersson, Ingrid Thulin, Gunnel Lindblom, Bibi Andersson, Liv Ullmann, Lena Olin. Son hipnóticas… y todas trabajaron para él.

WA: Estaba obsesionado con las caras y tenía un maravilloso modo con las mujeres. Poseía la afinidad por las mujeres que tenía Tennessee Williams. Sentiá cierta clase de cercanía. Sus problemas lo obsesionaban.

RC: Una diferencia es que Williams no dormía con sus primeras figuras. Bergman es un famoso encantador y tuvo largas relaciones con Harriet Andersson, luego Bibi Andersson, Liv Ullman. Hubo un rumor de que las siete actrices de “For att inte tala om alla dessa kvinnor” (“¡Esas mujeres!”) eran ex-amantes de Bergman.

WA: No me sorprendería porque, según lo oí de Sven, era lo que sucedía. Había mucha sociabilización y escapadas románticas y sexuales. Era una situación más luminosa de lo que uno podía pensar. hay tanto sentimiento en la pantalla que crees que debía tener una vida seria, pero no era así. Era un galán. Amaba las relaciones con las mujeres.

Allen & Nykvist

RC: Muchos críticos le asignan a Bergman un bajo rango porque, dicen, filmaba obras teatrales. Personalmente no veo eso como limitación, pero ¿está usted de acuerdo que era esencialmente un guionista que dirigía su propio trabajo?

WA: Eso puede decirse también sobre mí. Pero debes tomar los films de Bergman como “Viskningar och rop” (“Gritos y susurros”) donde casi no hay diálogo. Esto sólo se puede hacer en filmes. Inventó un vocabulario fílmico que iba con lo que quería decir, que nunca había sido empleado antes. Puso la cámara sobre el rostro de una persona y la dejó allí, la dejó allí y la dejó allí. El opuesto de lo que aprendimos a hacer en la escuela de cine, pero fue enormemente efectivo y entretenido.

RC: OK. Usted piensa que es grandioso y yo pienso que es grandioso. Pero hay mucha gente joven -quiero decir brillantes, sabiondos jóvenes- para los que es ¿Ingmar qué? ¿Qué reelevancia tienen hoy sus filmes?

WA: Pienso que sus films tienen relevancia eterna, porque lidian con las dificultades de las relaciones personales y la falta de comunicación, las aspiraciones religiosas y la mortalidad, temas existenciales que serán reelevantes por miles de años. Cuando muchas de las cosas que son exitosas y marcan tendencia hoy hayan sido relegadas a antigüedades, sus cosas todavía serán grandiosas.

RC: Pero no muchos artistas se preocupan por el suilencio de Dios estos días. En los medios la batalla actual es entre creyentes militantes y devotos ateístas. Tienes pocos agnósticos torturados.

WA: Cierto. Esa era su obsesión. El creció religiosamente y no era simplemente una cuestión de ser ateo o no. El anhelaba la posibilidad de un fenómeno religioso. Ese anhelo lo torturó toda su vida. Pero al fin era un gran entretenedor. “Det sjunde inseglet”, todos esos filmes te atrapan. No es como hacer la tarea.

RC: Si alguien que no ha visto ninguno de sus filmes le dijera que le recomendara solo cinco, ¿cuál sería su set de Bergman para principiantes?

WA: “Det sjunde inseglet”, “Smultronstället”, “Glycklarnas afton”, “Viskningar och rop” y “Persona/Manniskoatarna”.

RC: Muchos directores estarían felices de haber hecho sólo esos cinco filmes.

WA: O sólo uno de ellos.

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