Fragmentos

Parte de la obra teatral “Central Park West”, escrita por Woody Allen

El espacioso apartamento de Phyllis y Sam Riggs en Central Park West. Maderas oscuras y libros. Viven allí y es también donde Phyllis tiene su consulta de psicoanalista.

(… Carol visita a su amiga Phyllis…)

Phyllis: ¿Te apetece otra copa?
Carol: ¿Qué ocurrió?
Phyllis: ¡Oh Carol! Carol… Carol… Carol… Mi amiga Carol.
Carol: Creo que voy a necesitar esa copa.
Phyllis: Me ha dejado.
Carol: ¿De verdad?
Phyllis: Sí.
Carol: ¿Cómo lo sabes?
Carol: ¿Qué cómo lo sé? ¿Qué cómo sé que me ha dejado? Pues porque salió por la puerta con sus cosas y va a tramitar el divorcio.
Carol: Tengo que sentarme… Me flojean las piernas.
Phyllis: ¿Te flojean las piernas… a tí?
Carol: ¿Qué razones te dio?
Phyllis: Que no me quiere. Que no le gusta estar cerca de mí. Que le provoca arcadas imaginarse a sí mismo soportando para siempre la triste coreografía del sexo conmigo, Ésas son las vagas razones que me da, pero creo que sólo está siendo educado. creo que lo que realmente no le gusta es mi forma de cocinar.
Carol: Es un golpe inesperado, no tiene ningún sentido.
Phyllis: Bueno, para mí no lo tenía, pero no soy perspicaz. Sólo soy psicoanalista.
Carol: ¿Nunca te dijo nada ni llegó a insinuarte algo?
Phyllis: Nunca me dijo nada, pero tal vez se debía a que nunca hablábamos.
Carol: ¡Phyllis, mujer!
Phyllis: Bueno, ya sabes, hablábamos… No era sólo “pásame la sal”, aunque eso también salía a colación de vez en cuando.
Carol: Tienes que haber mantenido conversaciones en las que te haya insinuado algo.
Phyllis: Por decírtelo de alguna manera: hablábamos, pero los dos a la vez. lo que quiero decir es que había dos oradores y ningún oyente.
Carol: Falta de comunicación.
Phyllis: ¡Dios, Carol, cómo sabes ir directamente al fondo de la cuestión!
Carol: Bueno, eso debería haberte servido de señal.
Phyllis: Y me sirvió.
Carol: Bien, ¿y qué?
Phyllis: No sé, yo no escuchaba, sólo hablaba.
Carol: Y el sexo empezó a languidecer.
Phyllis: ¿Cómo lo has adivinado?
Carol: No lo he adivinado. era sólo una suposición.
Phyllis: Pues no supongas tanto. Las personas pueden dejar de comunicarse verbalmente y aún así el sexo puede continuar siendo feroz.
Carol: De acuerdo. Así que el sexo era estupendo.
Phyllis: ¿Estupendo? Era mejor que estupendo: le provocaba arcadas.
Carol: A partir de un momento determinado, las relaciones sexuales se apagan gradualmente, pero eso es sólo porque algo más profundo se ha apagado ya. ¿O es al revés? El sexo se esfuma y luego todo lo demás pierde su lustre. La cuestión es… que todo es efímero.
Phyllis: ¿De veras, Carol?
Carol: Oh, yo que sé… Estás preguntándoselo a la persona equivocada.
Phyllis: No recuerdo haber preguntado nada.
Carol: ¿Así que no te dijo nada más, sólo que se iba?
Phyllis: ¿Nada más como qué?
Carol: Algo. Cualquier cosa.
Phyllis: Oh, sí. Me dijo que, aunque no formaba parte de nuestro acuerdo prematrimonial, me seguiría pagando la suscripción del Times dominical.
Carol: Pero ¿no te ha dicho dónde va?
Phyllis (cambiando de actitud): Ahora estoy empezando a reaccionar.
Carol: Phyllis, has estado reaccionando…
Phyllis: No, de haber reaccionado, hubiese agarrado todos estos documentos importantes, todo este trabajo que aún tiene pendiente, y hubiese hecho esto. (Los rompe en pedazos). Eso sería una reacción pero no soy una persona rencorosa… No soy vengativa, sino generosa y madura.
Carol: ¡Cálmate!

(Phyllis se dirige a la mesita y toma el maletín de Sam. Lo vacía y lo arroja a la otra punta del escenario).

“Siendo ya un adolescente, después de la guerra, hubo un gran influjo de cine europeo en Estados Unidos, y ello supuso un punto de inflexión en mi vida, porque de repente comprendí que las películas podían ser algo con sustancia y entrañaban un potencial maravilloso. No tenían por qué ser esas historias de vaqueros vacías, sólo de tiros, o esas comedias bobas que realmente no eran tan divertidas, ni tampoco historias de amor inofensivas, de evasión pura. A mis ojos, no eran lo bastante buenas.”

“En mis inicios estaba más interesado en convertirme en un dramaturgo. Las películas no me interesaban particularmente. En aquellos días, siendo un adolescente, las películas me parecían tontas, y las obras de teatro tenían mucho más peso y caché en Estados Unidos. Los autores de teatro hacían el mejor trabajo, porque los cineastas eran básicamente gente de estudio que en su mayor parte se dedicaban, usted ya sabe, a la producción más comercial, de modo que no estaba demasiado interesado en orientar mi carrera hacia el cine. Solo empecé a interesarme por el cine tras la escritura de “What’s new Pussycat?” Como guionista, estaba obligado a estar en el plató y mirar lo que allí sucedía. Y ésa era la quintesencia de las producciones de Hollywood (casi una sátira en si misma). Con películas de esa clase se asociaba el empleo de todos los recursos detestables que sirven para provocar la risa (o la vergüenza). Cuando se estrenó no pude soportarla. Me sentí profundamente avergonzado y humillado por la experiencia. Juré que nunca más escribiría otro guión para el cine a menos que pudiera dirigir la película. Y fue así como me inicié en el mundo del celuloide.”

Groucho y Woody por Al Hirschfeld

“Creo que hago de Bob Hope todo el tiempo. Pero no soy ni de lejos tan bueno. Pero sí hago de él todo el tiempo. Es muy evidente en una película como “Love and death” . Cuando recopilaba fragmentos de películas para un homenaje a Bob Hope en el Lincoln Center, decidí incluir algunas partes de “Love and death” para usarlas en paralelo a las de Bob Hope, con el fin de mostrar su influencia sobre mí. quiero decir que…, simplemente lo copio con tanto descaro…, y no me refiero a robar el contenido de sus chistes, pero sí es cierto que hago de él.

Para mí el otro gran hacedor de diálogos siempre ha sido Groucho Marx, por supuesto. Groucho era claramente un genio, y quienes escriben sobre cine con conocimiento de causa, sabiendo de su historia, coinciden en calificar a los hermanos Marx de geniales. Su comedia no tenía tintes trágicos, aunque sí surrealistas. Había un toque de genialidad muy evidente.

Los diálogos de Hope evidencian tanta fortaleza como los de Groucho. Es tan grande como él. Es incluso más real. Groucho era un payaso, en el sentido más estricto de la palabra. de manera que es muy difícil imaginárselo en una situación real. siempre es surrealista (con el bigote pintado), y se muestra a las claras como alguien venido desde la irrealidadcon la intención de hacerse un hueco en el mundo real. Hope, por el contrario, se las apaña con esos diálogos y ese comportamiento en un contexto real. Es capaz de interpretar a una persona de carne y hueso, un interés amoroso, a un tipo que finge ser un detective privado,… , alguien que actúa como un espadachín, y su trabajo es sencillamente maravilloso.”

 

“La primera vez que vine a Manhattan, tal como la recuerdo, fue una experiencia asombrosa, aunque vivía a cuarenta y cinco minutos de aquí. Pero como usted sabe, cuando tienes cinco o seis años no viajas libremente. Y fue mi padre quien me trajo. Subimos en al tren en la Avenida J en Brooklyn y bajamos en Times Square, ya en Manhattan. Y cuando salías a la superficie descubrías la la cosa más asombrosa que podías imaginar. Allí donde miraras, en todas direcciones, descubrías salas de cine. Ahora me parece que había muchas, y es verdad que las había cuando yo viví y crecí en Brooklyn. Pero aquí, cada ocho o diez metros, había una sala de cine, a lo largo de toda la calle 42, en toda la calle Broadway, y eso me parecía el colmo del glamour. En esa época las mujeres tenían la imagen de Betty Grable, Rita Hayworth o Veronica Lake, la misma imagen a la que todas aspiraban. Y caminaban por la calle de la mano de los marineros. Y había tipos vendiendo muñecas que bailaban, aparentemente sin cables, allí junto a los edificios, usted sabe, y… y los chiringuitos de papayas y las barracas de tiro al blanco. Me refiero a que no era tan distinto a aquella escena de “The Broadway melody” en la que Fred Astaire está caminando. Eso no era exagerado. Era una variación sobre todo eso. Una cosa verdaderamente asombrosa.”

Woody en su álbum de graduación

“Las ideas se me ocurren de dos maneras. Una es cuando estoy caminando por la calle o me estoy afeitando y se me ocurre algo y lo escribo en algún papel, lo guardo en un cajón y lo rescato más tarde. Pero yo he sido guionista de televisión, en la época de la televisión en vivo, cuando se comenzaba a trabajar el lunes y el jueves tenía que tener a los actores ensayando con un texto, por lo que siempre tenía que inventar algo. Es algo que todavía puedo hacer. Me puedo meter en un cuarto, cerrar la puerta y no necesito esperar a que me llegue la inspiración. Escribo y aunque no esté demasiado inspirado, he escrito algunas de mis mejores cosas de esa manera, forzándolas. También he escrito algunas de las peores cosas de la misma manera.”

 “La gente piensa que soy un adicto al trabajo. Pero no es así. Yo pierdo bastante el tiempo. Voy a hacer deportes, toco el clarinete, practico mi instrumento, pero si uno trabaja todos los días una determinada cantidad de tiempo, de manera regular, el trabajo se acumula. La gente que tiene verdaderos trabajos tiene que ir todos los días a la oficina. Eso es lo que yo entiendo como trabajo duro. Tienen que estar ocho o nueve horas por día en la fábrica o donde sea. Para hacer una película no se necesitan seis meses de angustia, trabajando contra reloj. Si escribo tres páginas por día, en tres meses tengo un guión. Y una vez que lo he terminado, empiezo a filmar. No necesito llamar estrellas simplemente llamo a quienes estén trabajando en ese momento y ya estoy sobre carriles.”

Woody Allen y The Eddy Davis New Orleans Jazz Band en el Cafe Carlyle de New York el 1ro de octubre de 2007.

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