y Demás

Los padres de Woody en tres diferentes etapas de sus largas vidas…

Martin Konigsberg & Nettie Cherry

Querido diario español:

2 de enero.
He recibido una oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y yo pecoso. El dinero no es mucho, pero mi agente se las ingenió para darme un décimo del uno por ciento de todo lo que la película recaude una vez que sobreapase los cuatrocientos millones de dólares. No tengo idea alguna para Barcelona salvo la de dos judíos que inician una firma de entrega de embalsamamientos. Puedo llegar a cambiarla.

5 de marzo.
Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones echaban fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril.
Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y por su madre. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambia de agentes, luego ambos cambian de madre. Scarlett tiene talento, pero da mucho trabajo.

1ro de junio.
Llegada a Barcelona. Asientos en primera clase. Hotel prometido de media estrella, el año que viene instalarán el agua corriente.

5 de junio.
La filmación ha comenzado agitada. Rebecca Hall, muy joven y en su primer rol importante, es un poco más temperamental de lo que pensé y me barrió del set. Le expliqué que el director debe estar presente para dirigir el film. Por más que traté no pude convencerla y debí disfrazarme del hombre que entregaba la comida para poder entrometerme nuevamente en  el set.


15 de junio.

El trabajo finalmente se encarrila. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático “uh-huh”. Scarlett llegó tarde al set y la he regañado, explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido que mientras yo hablaba, ella ha encendido su iPod.

20 de junio.
Barcelona es una ciudad maravillosa. Multitudes salen a las calles para vernos trabajar. Por suerte se dan cuenta que no tengo tiempo para firmar autógrafos, entonces se los piden a los miembros del elenco. Más tarde traigo unas fotos mías de 8 por 10 en la que le doy la mano a Spiro Agnew (vicepresidente durante el gobierno de Nixon en USA) y me ofrezco a firmárselas, pero para entonces la multitud se había dispersado.

26 de junio.
Filmamos en La Sagrada Familia, la obra maestra de Gaudí. Pensaba que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos las convenciones, él con sus asombrosos diseños y yo usando un babero para langostas en la ducha.

30 de junio.
Las tomas diarias se ven bien. Y aunque la idea de Javier de agregar una escena con una invasión masiva de marcianos con miles de extras y elaborados platillos voladores no me pareció muy buena, igual la filmaré para dejarlo contento y quedará en el cuarto de edición.

3 de julio.
Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. “¿Cuál es mi motivación?”. He dado un respingo: “Tu salario”. Entonces me ha dicho que estaba bien pero que necesitaba mucha más motivación para continuar. El triple. De lo contrario amenazaba con irse. Le gané de mano con su treta y me fui primero. Luego se fue ella. Ahora estamos tan alejados que necesitamos gritar para oírnos. Entonces ella dijo que iba a saltar. Yo salté también… Pronto estábamos en un impasse. En el impasse corrí hacia mis amigos y bebimos juntos. Por supuesto quedé atascado con la cuenta.

15 de julio.
Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la arrastre a la cama. Ha ganado un Oscar y todavía necesita que le enseñe a interpretar una pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa sin saber que todavía no se había cambiado y que era su caro vestido el que había destrozado. Sin dudarlo la llevé frente a la chimenea y me eché sobre ella. Escurridiza como es, rodó a un lado una fracción de segundo antes que yo aterrizara en el piso causándome la fractura de ciertos dientes clave. Buen día de trabajo. Volveré a comer sólido en agosto.


30 de julio.

Las tomas diarias lucen brillantes. Probablemente sea muy temprano para planear la campaña para los Oscars. Sin embargo algunas notas para el discurso de agradecimiento, me ahorrarán tiempo más tarde.

3 de agosto.
Supongo que es parte de esta profesión. Como director uno es en parte maestro, en parte psicólogo, figura paterna, gurú. ¿Con el paso de las semanas ambas, Scarlett y Penélope, han desarrollado un enamoramiento hacia mí? El frágil corazón femenino. Me doy cuenta por el pobre Javier que observa envidioso cuando las actrices me regalan ciertas miradas, pero yo le explico que ese desenfrenado deseo femenino por un icono del cine, particularmente por uno que utiliza un desprecio de frío comando, es de esperarse. Mientras cuando me acerco al set cada mañana bañado y frescamente perfumado, entre Scarlett y Penélope hay un frenesí virtual. Nunca me ha gustado mezclar negocios con placer, pero quizá deba hacerme cargo de la pasión de cada una por una buena llegada a término del film. Tal vez le pueda dar a Penélope miércoles y viernes, satisfaciendo a Scarlett martes y jueves. Como en un estacionamiento alternativo. Esto dejaría el lunes libre para Rebecca, a quien detuve justo cuando se iba a tatuar mi nombre en su nalga. He bebido unos tragos con las damas del elenco para fijar algunas reglas. El viejo sistema de los cupones de racionamiento podría funcionar.

10 de agosto.
Escena emocional de Javier. He tenido que darle unas pautas. Mientras me imita, todo va bien, pero en el momento en que intenta su propia actuación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación y firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque al dejar su camerino he escuchado sus risas y las de sus amigos.

20 de agosto.
He hecho el amor simultáneamente con Scarlett y Pénelope en un esfuerzo para mantenerlas felices. El trío me dio una idea para el clímax de la película. Rebecca golpeaba y golpeaba la puerta. Finalmente la dejé entrar, pero estas camas españolas son tan pequeñas que no entrábamos los cuatro y cuando ella se nos unió yo no paraba de rebotar en el piso.

25 de agosto.
Hoy terminamos la filmación. Con la fiesta usual y su tristeza. Baile suave con Scarlett. Se le quiebra un dedo. No es mi culpa. Cuando ella me empujó para alejarme se lo pisé. Penélope y Javier están ansiosos por trabajar conmigo nuevamente. Dijeron que si alguna vez tengo otro guión trate de encontrarlos. Trago del adiós con Rebecca. Momento sentimental. El equipo completo entra al lugar y me regala una birome. Hemos decidido llamar a la película “Vicky Cristina Barcelona”. Las cabezas de estudio han visto todo el material. Aparentemente aman el filme y están en conversaciones para estrenarla en una colonia de leprosos. Se está muy solo en la cima.

Con amor, Woody Allen.

Para disfrutar del Woody de los monólogos brillantes de sus comienzos aquí hay uno de los más famosos, “El alce” (“The moose”) en la televisión británica de 1965. Sepan disculpar, la calidad de imagen no es la mejor.

¿De dónde salió la tipografía que Woody utiliza en todas sus películas?

Ed Benguiat, famoso típógrafo nortemericano, desayunaba todas las mañanas en un mismo lugar en New Jersey. Entre los que comían en el mismo lugar se encontraba Woody Allen. En una ocasión entre 1975 y 1977, consultándole como el “impresor” que era, Allen le preguntó a Benguiat cuál creía que era una buena tipografía. Benguiat tenía una afinidad por la Windsor EF Light Condensed y se la recomendó esa mañana. Woody la ha usado desde ese entonces en blanco y con fondo negro en todos sus filmes.

Ed Benguiat es el creador de tipografías como Tiffany, Bookman y Panache y algunas poseen su nombre (Benguiat, Benguiat Gothic). También ha diseñado logotipos para publicaciones como “The New York Times”, “Playboy” y “Sports illustrated”. Consultado Woody del por qué seguía utilizando esta tipografía dijo que era por una cuestión de presupuesto, que no le veía sentido a gastar miles de dólares elaborando una secuencia de presentación, cuándo estos simples títulos hacían el trabajo y lucían lo suficientemente bien.

Como ya sabemos, Woody fue el protagonista de una serie de historietas entre los ’70 y los ’80. Aquí va una pequeña muestra.



El hombre que hacía preguntas difíciles
por Woody Allen

Me enteré de la noticia en Oviedo, una hermosa ciudad en el norte de España donde estoy filmando una película, de que Ingmar Bergman había muerto. Un mensaje telefónico de un amigo mutuo me llegó al set. Bergman me dijo una vez que no quería morir en un día soleado. Sin haber estado allí, sólo me queda esperar que haya tenido el tiempo justo deseado por todo director.

Ya he dicho antes a gente que tiene una visión romántica del artista y consideran la creación sagrada: Al final, tu arte no te salva. No importa cuán sublime trabajo fabriques (y Bergman nos ha dado un menú de increíbles obras maestras) ellas no te protegen del llamado del destino a la puerta que interrumpe al caballero y sus amigos en el final de “El séptimo sello”. Así, en un día de verano en julio, Bergman, el gran poeta cinematográfico de la mortalidad, no pudo prolongar su propio e inevitable jaque mate, y el mejor realizador que he conocido en mi vida se había ido.

He bromeado sobre el arte como el catolicismo del intelectual, esto sería, un deseo de creer en la vida después de la muerte. Mejor que seguir viviendo en los corazones y mentes del público, es vivir en su propio apartamento, es como lo dije. Y ciertamente las películas de Bergman continuarán viviendo y serán vistas en museos, televisión y serán vendidas en DVD, pero conociéndolo, esto es una magra compensación, y estoy seguro que el hubiera estado encantado de trocar cada uno de sus filmes a cambio de un año más de vida. Esto le hubiese dado duramente 60 cumpleaños más para seguir haciendo películas; una remarcable producción creativa. Y no tengo ninguna duda de como él hubiera usado el tiempo extra, haciendo lo que el amaba por sobre todo, rodando películas.


Bergman disfrutaba el proceso. Se preocupaba poco sobre las respuestas a sus filmes. Le gustaba ser apreciado, pero me dijo una vez, “Si no les gusta la película que he hecho, me importa… por aproximadamente 30 segundos.” No estaba del todo inetresado en los resultados de taquilla, aunque productores y distribuidores lo llamaban con los resultados, que le entraban por un oído y le salían por el otro. Dijo, “Para mitad de semana sus pronósticos salvajemente optimistas terminarán reduciéndose a nada.” Disfrutaba de la aclamación crítica pero no la necesitaba ni por un segundo, mientras que quería que la audiencia disfrutara de su trabajo, no siempre se las hacía fácil.

Aún aquello que cuesta comprender vale el esfuerzo. Por ejemplo, cuando te das cuenta que las dos mujeres de “El silencio” son sólo dos aspectos de una mujer, el anteriormente enigmático film abre su encantamiento. Si estás actualizado en filosofía danesa antes de ver “El séptimo sello” o “Noche de circo” realmente ayuda, pero tan increíbles son sus dones como contador de historias que tendrá atrapada a la audiencia atornillada y dominada con su difícil material. He oído gente salir de ciertas películas deél diciendo: “No entendí exactamente lo que acabo de ver pero estuve atornillado al filo de la butaca todo el tiempo”.

La fidelidad de Bergman era a la teatralidad y era también un gran puestista, pero su trabajo cinematográfico no estaba sólo inspirado por el teatro; se nutría de la pintura, la música, la literatura y la filosofía. Su trabajo probaba su profundo interés en la humanidad, ejecutando usualmente profundos poemas en celuloide. Mortalidad, amor, arte, el silencio de dios, la dificultad de las relaciones humanas, la agonía de la duda religiosa, matrimonios fracasados, la inhabilidad de la gente para comunicarse con el otro.

Y sin embargo el hombre era cálido, divertido, de carácter bromista, inseguro sobre sus inmensos dones, adorado por las mujeres. Conocerlo no fue entrar abruptamente al templo de un formidable, intimidatorio, oscuro y absorbente genio que entonaba complejos pensamientos con acento sueco sobre el horroroso destino del hombre en un débil universo. Era más como esto: “Woody, tuve un sueño tonto, dónde aparecía en el set para filmar la película y no sabía dónde poner la cámara. El punto es, sé que soy bastante bueno en eso y lo he estado haciendo por años. ¿Tienes esos sueños nerviosos?” o “¿Crees que sería interesante hacer una película en la que la cámara nunca se mueva un centímetro y los actores sólo entraran y salieran de cuadro, o la gente sólo se reiría de mí?”

¿Qué le dice uno por teléfono a un genio? Yo no creí que fuera una buena idea, pero en sus manos hubiera resultado ser algo especial. Después de todo, el vocabulario que él inventó para probar las profundidades psicológicas de los actores también hubiera sonado extraño a aquellos que aprendieron realización cinematográfica de la manera ortodoxa. En la escuela de cine (fuí echado de la Universidad de New York inmediatamente luego de graduarme en los ’50) el énfasis estaba siempre en el movimiento.

Son imágenes en movimiento, los estudiantes lo sabían, y la cámara debía moverse. Y los maestros tenían razón. Pero Bergman hubiera puesto la cámara en el rostro de Liv Ullmann o Bibi Andersson y una extraña y maravillosa sensación única en su brillantez sucedería. Uno sería atraído hacía el personaje y no estaría aburrido, sino conmovido.

Bergman, con todas sus evasivas y filosofía y obsesiones religiosas, nació hilando historias que no pueden evitar ser entretenidas aún cuándo en su mente estaba dramatizando las ideas de Nietzsche o Kierkegaard. Tenía largas conversaciones telefónicas con él. Las arreglaba desde la isla en que vivía. Nunca acepté sus invitaciones a visitarlo porque el viaje en avión me molestaba, y no me apetecía viajar en una pequeña avioneta a algún punto cerca de Rusia para algo que me había imaginado como almuerzo de yogurth. Siempre discutimos películas y, por supuesto lo dejaba hablar porque me sentía privilegiado de escuchar sus pensamientos e ideas. El se proyectaba películas todos los días y nunca se cansaba de mirarlas. Todas clases, mudas y habladas. Para dormir miraba un videocassette de la clase de película que no lo hiciera pensar y relajara su ansiedad, algunas veces un film de James Bond, por ejemplo.

Como todos los grandes estilistas cinematográficos, tales como Fellini, Antonioni o Buñuel, por ejemplo, Bergman tiene sus críticos. Pero salvo por lapsos ocasionales todas estas películas artísticas han resonado profundamente para millones alrededor del mundo. Ciertamente, la gente que conoce mejor los filmes, los que los hacen -directores, escritores, actores, directores de fotografía, montajistas- tienen el trabajo de Bergman en, tal vez la mayor reverencia.

Como yo he cantado sus alabanzas muy entusiastamente por varias décadas, cuándo él murió muchos diarios y revistas me llamaron para comentarios y entrevistas. Como si yo tuviera algo de valor real para agregar a las ceñudas noticias más que una vez más enaltecer su grandeza. ¿Cómo le influyó?, preguntaron. El no pudo influenciarme, dije, el era un genio y yo no lo soy y los genios no pueden ser aprendidos o su magia traspasada.

Cuando Bergman emergió en las casas de arte de New York como un gran realizador. yo era un joven escritor cómico y un comediante de nightclubs. ¿Puede el trabajo de alguien ser influenciado por Groucho Marx e Ingmar Bergman? Pero me las arreglé para absorver una cosa de él, algo que no depende del genio o del talento sino algo que puede ser aprendido o desarrollado. Hablo de lo que es comunmente llamado ética de trabajo, pero es simplemente disciplina. Aprendí de su ejemplo a tratar de conseguir el mejor trabajo del que soy capaz en ese momento dado, nunca rendirme al tonto mundo de éxitos y fracasos o sucumbir a interpretar el brillante rol del director cinematográfico, sino a hacer una película y moverme a la siguiente. Bergman hizo algo así como 60 películas en su vida, yo he hecho 38. Al menos si no puedo alcanzar su calidad, tal vez pueda alcanzar su cantidad.


“Mere anarchy” el nuevo libro de Woody Allen.

A principios del mes de junio de 2007 se editó en Estados Unidos un nuevo libro de Allen. Está compuesto por artículos publicados por él durante estos últimos años que tratan sobre arte, sexo, comida o crímenes. Aquí uno de los cuentos:

Errar es humano; flotar, divino

Al borde de la asfixia, con la vida entera desfilando ante mis ojos en una sucesión de viñetas melancólicas, me encontré hace unos meses bajo el tsunami de correo basura que cada mañana entra a raudales por el buzón de mi puerta después de los arenques del desayuno. Fue Grendel, nuestra wagneriana mujer de la limpieza, quien, al oir un ahogado falseto desde debajo de miles de invitaciones a ferias de arte, cuestaciones y fabulosos premios que me habían tocado, logró sacarme de allí con la ayuda del absorbeinsectos.

Mientras archivaba el correo entrante en la trituradora de papel por riguroso orden alfabético, advertí, entre el sinfín de catálogos que anunciaban de todo, desde comederos para pájaros hasta reparto mensual de drupas y hesperidios, una pequeña publicación no solicitada con el título de “Mezcla mágica”. A todas luces dirigida al mercado new age, sus artículos cubrían un amplio abanico de temas, desde el poder de los cristales hasta la sanación holística y las vibraciones psíquicas, e incluía consejos prácticos sobre cómo conseguir eneregía espiritual, sobre cómo vencer el estrés mediante el amor, y sobre exactamente dónde ir y que formularios llenar para reencarnarse. Los anuncios, que parecían meticulosamente confeccionados para protegerse de los descontentos de la Brigada contra el Timo, gente poco razonable, ofrecían Ionizadores Terapéuticos, Vórtices Energéticos para el agua del grifo y un producto llamado Grobust Herbal concebido para potenciar, desde el punto de vista volumétrico, los melones de las señoras. Tampoco escaseaba la asesoría psíquica, brindada por especialistas tan variopintos como una “intuitiva y espiritual” mujer que contrastaba sus percepciones con un “consorcio de ángeles llamado Consorcio Siete”, o como una tal Saalena -así se la conocía en el entorno estriptisero- que se ofrecía a “equilibrar tu energía, despertar tu ADN y atraer la abundancia”. Naturalmente, despúes de todos estos viajes de estudio al centro del alma, lo propio era solicitar ciertos emolumentos para sellos o cualquier otro gasto en que el gurú pudiese haber incurrido en otra vida. Ahora bien, el personaje más llamativo de todos era sin discusión la “fundadora y guía divina del Movimiento de la Ascensión de Hathor en el Planeta Tierra”. Conocida entre sus fieles como Gabrielle Hathor -diosa autoproclamada que, según su redactor publicitario, era “la plenitud de los orígenes encarnada en una forma humana”-, este ícono de la Costa Oeste nos aseguraba: “Se está produciendo una aceleración en la respuesta kármica… La Tierra ha entrado en un invierno espiritual que durará 426.000 años terrestres.” Consciente de lo crudo que puede ser un largo invierno, la señorita Hathor había impulsado un movimiento para enseñar a los seres a ascender a “dimensiones de más alta frecuencia,” dimensiones en las que, en teoría, podían salir más por ahí e incluso jugar un poco al golf.

“Levitación, translocación instantánea, omnisciente, capacidad de materializarse y desmaterializarse, etcétera, pasan a formar parte con toda normalidad de las aptitudes del individuo,” prometía a los incautos el desmesurado palabrerío, declarando que, “desde estas dimensiones de frecuencia superior, el ser ascendido puede percibir las frecuencias inferiores, en tanto que aquellos situados en las frecuencias inferiores no pueden percibir las superiores.”

Se añaden unas fervorosas palabras de adhesión de un tal Pléyades MoonStar, nombre que me causaría no poca consternación si me enterase en el último momento que así se llama el cirujano que va a operarme del cerebro o el piloto del avión al que acabo de subir. Los acólitos de la señorita Hathor debían someterse a “un tratamiento de humillación”, parte de un método para disolver el ego y disparar las frecuencias. Los pagos en metálico no estaban bien vistos, pero por un poco de abyecta lealtad y trabajo productivo uno podía conseguir una cama y un plato de judías chinas orgánicas mientras adquiría conocimiento o lo perdía.

Traigo todo esto a colación porque más tarde ese día salía de Hammacher Schlemmer, harto de la compulsiva obsesión por gastar y de la indecisión entre comprar una prensa-pato computarizada o la guillotina portátil más afamada mundialmente. Cuando tropecé como el Titanic contra un viejo iceberg que había conocido en el colegio, Max Endorphine. Regordete en la mitad de la vida, con los ojos de bacalao y usando un tupé relleno con suficiente pelaje como para crear un trompe l’oeil pompadour, bombeó mi mano y se lanzó sumergiéndose en cuentos de su reciente buena fortuna.

– Que te puedo decir, galán. La pegué en grande. Entré en contacto con mi yo espiritual interior, y de ahí en adelnate fue la Ciudad de la Abundancia.
– ¿Puedes elaborarlo? -Inquirí, notando por primera vez su elegante y de tamaño tumor avanzado anillo rosado-.

– Creo que no he estado refunfuñando con alguien en una baja frecuencia, pero desde que fuimos para atrás…
– ¿Frecuencia?
– Estoy hablando de dimensiones. Aquellos de nosotros en los altos octavos estamos alertas para no malgastar iones saludables en mortales trogloditas entre los cuales tu calificas. No te ofendas. No es que no estudiemos las bajas formas, gracias a Leeuwenhoek, si entiendes lo que te quiero decir.
De repente, con el instinto de un halcón por su presa, Endorphine dio vuelta su cabeza hacia una rubia piernas largas en micro-minifalda que se esforzaba tratando de localizar un taxi.
– Mira la aparición con el berrinche state-of-the-art -dijo, con sus glándulas salivales hacia tercera base-.
– Debe ser un doblez del centro -lancé sintiendo un repentino ataque de calor-, mirando su blusa a través del cual se veía todo-.
– Mira esto -dijo Endorphine, mientras hacía una respiración profunda y se empezaba a alzar del suelo-. para mi asombro y el de Miss Julio estaba levitando un pie sobre la Calle Diecisiete frente a Hammacher Schlemmer. Buscando cables la joven cosita linda se dispuso a mirar el show de cerca.
– Ey, ¿cómo haces eso? -ronroneó ella-.
– Aquí. Aquí está mi dirección. -dijo Endorphine- Estaré en casa después de las ocho. Pásate. Te tendré levitando en poco tiempo.
– Yo llevaré el Petrus -ella murmuró, sentando la logística de su rendezvous en el abismo de la astucia y saludándolo con la cabeza mientras Endorphine bajaba al nivel del suelo.
– ¿Quién eres? -dije- ¿Houdini?
– Bien -suspiró benévolamente- …puesto que me digno a conversar contigo, igual te puedo decir todo lo planificado.” Luego hubo un audible pop y Endorphine se desvaneció. Contuve mi aliento y llevé la mano a mi boca abierta como una de las hermanas Gish asustada. Segundos después él reapareció contrito.
– Perdón olvidé que tu trasero no se puede desmaterializar y trasladar. Mi error. vamos al punto.
Todavía me estaba pellizcando cuando Endorphine comenzó su cuento.

– OK -dijo-. Volvamos seis meses atrás, cuando el pequeño hijo de la señora Endorphine, Max estaba en un sube y baja emocional sobre una serie de tribulaciones, las cuales si cuentas mi mal colocada boina, le ganaban a las de Job. Primero, esta galletita de la fortuna de Taiwan, que estaba tutelando en un hidraúlico anatómico de ocho a seis veces más grande que yo, para un aprendiz de hacedor de pasteles, luego fui demandado por el tono de varios presidentes muertos por cocinar mi Jaguar a través de un cuarto de lectura de ciencia cristiana. Agrega a eso a mi hijo único de un matrimonio-holocausto que abandonó la práctica de la ley para volverse ventrílocuo. Por eso aquí estoy, blue and funky, por una raison d’être, un centro espiritual como eso era. Cuando de repente, fuera del éter, salgo en esta publicidad en el último número de Vibes Illustrated. Una conexión tipo spa que te liposucciona tu mal karma, llevándote a una más alta frecuencia donde tu puedes por lo menos mantenerte balanceado sobre la naturaleza à la Fausto. Como regla yo soy muy cauto para picar en una treta como esa, pero cuando enganché que el CEO era una diosa en forma humana, y entonces me pregunté ¿qué puede salir mal? Y es sin cargo. Ellos no toman pasta. El sistema está basado en una variación de la esclavitud, pero como recompensa obtienes estos cristales que te dan poder y todo el mérito de San Juan que tú puedas trenzar. Ah, me olvidaba, ella te humilla. Pero es parte de la terapia. De esta forma sus privados llegaron a mi cama y añadieron una cola de asno a la parte de atrás de mis pantalones sin que yo lo supiera. Por supuesto fui carne de risa por un tiempo, pero déjame decirte que esto disolvió mi ego. De repente, me dí cuenta que había tenido vidas previas, primero como un burgomaestre y luego como el Anciano Lucas Cranach… o no, me olvidé quizá fuí el Niño. De cualquier forma, lo próximo que sé es que me desperté en mi cruda camilla y mi frecuencia estaba en la estratósfera. Tenía como este nimbus alrededor de mi occipucio y era omnisciente. Quiero decir, enseguida pegué el doble en Belmont y en una semana dibujaba nubes cada vez que aparecía en en Vellagio en Las Vegas. Si alguna vez no estoy seguro sobre un jaco o dónde acertar o pegar al blackjack, hay este consorcio de ángeles en el que me meto. Quiero decir sólo porque alguien tenga alas y esté hecho de ectoplasma no significa que no puedan anotar. Sintonízala.

Endorphine sacó varios paquetes tipo fardo de billetes de mil de cada bolsillo.
– Ops, discúlpame. Dijo manoteando para recuperar algunos rubíes que se habían caído de su chaqueta cuando projo la cornucopia con los verdes.
– ¿Y ella no obtiene ninguna remuneración por este servicio? Pregunté, con mi corazón elebándose como un halcón peregrino.
– Bueno, tu sabes, así es la cosa con estos avatares. Son todos grandes compinches.

Esa noche, despecho con tumulto de imprecaciones, más una rápida llamada de ella a la firma de Shmeikel and Sons para chequear si nuestro contrato pre-nupcial cubría la aparición repentina de dementia praecox mediante, me encontré escalando al oeste al Sublime Ascension Center con Su Divinidad en residencia, una visión en Frederick’s de Hollywood llamada Galaxie Sunstroke. Ofreciéndome entrar a la capilla que dominaba su complejo, una granja abandonada parecida curiosamente al ranch Spahn de Manson Iore, puso a un lado su tabla esméril y se puso cómoda en el diván.

Delirantemente genial ¿no? El título del libro en castellano será “Pura anarquía”.


Tributo a Diane Keaton
Film Society of Lincoln Center

Woody presentó a la genial Diane con estas palabras: “En todos los filmes que he hecho con Keaton, siempre he escrito todas las bromas y las partes buenas para mí… Pero cuándo la película está lista ella es la graciosa, ella recibe todos los elogios. Entonces, ustedes saben, es para ponerse furioso…”

Al evento asistieron Candice Bergen, Steve Martin, Meryl Streep, Sarah Jessica Parker, Lisa Kudrow, Martin Short y Nancy Meyers entre otros.

Allen también dijo a la audiencia que trató de que Keaton no fuera honrada tan públicamente: “¿Para qué quieres ser honrada?” El público presente estalló en risas. “Realmente no sé que más decir de ella, excepto que es puntual, nada complicada y tiene una hermosa escritura a mano. Ah sí, ella es una de las dos o tres más grandes comediantes que el mundo haya visto.”

Diane estuvo muy bien vestida con una larga falda negra y una blusa blanca y su rubor la hacía ver aún más bella. Dijo que su hijo de seis años le había dicho: “Realmente me gusta como tienes el pelo, mamá. Pero yo le digo eso a todas las chicas.”

Cuando le tocó el turno a la homenajeada improvisó una pequeña parte de “Seems like old times”, que interpretó en Annie Hall y se le escaparon unas lágrimas. “La parte maravillosa de actuar en el cine es que no lo tengo que hacer frente a una audiencia. -expresó luego- Lo puedo hacer en secreto con una pequeña familia llamada equipo. En nuestro mundo un logro es transformar un momento en el tiempo con la esperanza de que viva en el corazón y la mente de la gente. Eso es grandioso, ¿pero acaso no es parte de lo que es la actuación?”.

“Yo aún me siento como la pequeña Diane que quería ser una estrella de cine. Todavía soy esa niña de cara triste, toda tiesa y con lágrimas que corre del escenario para revivir el miedo de actuar, una y otra vez. Creo que la razón por la que lo sigo haciendo es que algunas veces después del miedo alcanzas un bello escenario… Descubres un momento que sientes vivirá por siempre.”

11 de abril de 2007


Woody Allen & su New Orleans Jazz Band
Crítica por Richard S. Ginell

Jack Benny y Henny Youngman tocaban el violín, Morey Amsterdam el cello, Johnny Carson la batería. Pero Woody Allen ha llevado su clarinete más allá del sustento o hobby con sus famosos Monday night New York club gigs (ahora en el café Carlyle), un tour europeo y ahora uno en Estados Unidos. Ha hecho apariciones en Los Angeles antes, pero en el Jazz Bakery, no en el muchísimo más grande Royce Hall. Los curiosos llenaron la entrada al teatro este sábado a la noche para encontrar un tradicional septeto de jazz de New Orleans con su alabada celebridad como líder tocando en el punto justo.

Esta banda obviamente conoce el jazz de New Orleans con sus rutinas de solo y sus ensayadas cadencias de cierre junto con la soltura de los contrapuntos improvisados en la tradición de Crescent City.

Muchos de los componentes de la banda tienen curriculums impresionantes y la banda está conducida por el veterano maestro del olvidado arte del jazz banjo Eddy Davis que mantiene el ritmo brincando. Los solos fueron de calidad variable, aunque ocasionalmente ardían, particularmente con algún crepitante trabajo del trompetista australiano Simon Wettenhall y erupciones de imaginativos pasos de piano de el zambio Conal Fowkes.

El amplio repertorio cubrió un amplio espectro de antiguas composiciones con frecuentes incursiones en el gospel. Allen tocó en el estilo subiendo las notas, salpimentando sus pasajes con tiznaduras y otros elásticos efectos cómicos. Tuvo más suceso con las notas rápidas que en los registros altos.

Felizmente, Allen todavía tiene el entusiasmo de un amateur en el buen sentido. Cuando la banda volvió luego del final, Allen extendió la noche bastante más allá de los anunciados 90 minutos, notablemente alto tono tras tono, dando su mejor solo de la noche.

Al final, dijo una línea: “Pueden decir por ustedes mismos que es peor, si mis películas o mi ejecución del clarinete!!”.

Show del 16 de diciembre de 2006 en el Royce Hall, UCLA.
Integrantes del grupo: Woody Allen, Eddy Davis, Conal Fowkes, Simon Wettenhall, Jerry Zigmont, John Gill y Greg Cohen.

Woody Allen boxeando con un canguro en los años ’60…

La biografía de Woody escrita por él mismo en 1965…

Foto de familia. Woody, Soon-yi, Bechet y Manzie en Roma, 2011…

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